viernes, 11 de abril de 2014

La risa velada de las mujeres

Ellas se pasan la vida
tratando de entender
qué es lo que nosotros pretendemos de ellas.
Se pintan.
Bailan.
Esconden sus angustias detrás de máscaras de porcelana,
seducen a sus miedos con las curvas que pronuncian sus vestidos.
Y nos gusta imaginar
que lo hacen para nosotros.

Les decimos que las queremos
para poder tratarlas mal,
Las hacemos sentir gordas,
viejas, o tontas,
o demasiado sociables.
Les pegamos
para descalificarlas,
por miedo a que nos abandonen.
Les decimos que están locas
cuando ya no queremos entenderlas.
Les hacemos creer que nos pertenecen.
Y, en realidad,
no hay
nada que hacer sin ellas.

Al ver a una mujer llorar,
con el alma a flor de piel,
desarmada,
excedida, fuera de sí…
… uno puede saber que ya
no va a volver a ser el mismo que era antes de ese momento.

Lo único que quieren ellas es un cumplido,
una palabra
que estimule sus sentidos,
sentirse queridas,
una sonrisa, quizás.
Sentirse arrebatadas por un momento…
… quieren un beso
pero no desde los labios.
Quieren sentir el tacto, la respiración, el movimiento,
haciéndoles cosquillas en los huesos.

     No somos tan diferentes.

Ellas quieren las mismas cosas que nosotros…
… que algo tenga sentido en esta vida.
Quieren olvidarse que viven presas de su propia piel;
quieren que a su alma le crezcan alas;
quieren jugar
y estallar en colores de adentro hacia fuera.

No, no somos tan diferentes.

Y nosotros
no podemos apartarnos de lo evidente del hecho
de que, hasta el último de nuestros días,
vamos a vivir atrapados
en el corazón de alguna de ellas.
Tratando de penetrar
y desentrañar ese laberinto de secretos,
incansables,
necios,
queriendo a veces
sin querer…
… y es inútil.

Ellas se pintan,
bailan.
Esconden sus miedos…
… y seducen.
Y nos gusta imaginar que lo hacen para nosotros.

La risa velada de las mujeres.
Esa mueca genuina,
espléndida,
sensual,
libre de inhibiciones y prejuicios.

Al ver a una mujer reír,
con el alma a flor de piel,
frenética,
radiante,
tierna, divertida…
… uno puede saber, con seguridad,
más que en cualquier otro momento,
que está vivo
y no necesita
saber ninguna otra cosa
nunca más.


video


jueves, 10 de abril de 2014

Test psicológico de la casa y el jardín































El miedo
ante todo.
Lo primero que sentimos; lo último.
Un impulso, la parálisis, los músculos temblando,
la mirada inquieta:
el miedo.
Tus voluntades, tus anhelos, una casa, un jardín…
… y qué pasa ahí.
De qué color son los árboles que crecen; ¿hace frío, o calor?
¿Qué formas tienen las sombras que hay en el pasto?
¿Qué tan altas son las paredes en los dormitorios?
¿Cuántas sillas hay en el comedor?
No pienses las respuestas: improvisá.
No podés, no querés... no sabés qué hacer.
Y ante todo,
el miedo.

Una idea en nuestro sistema nervioso
que se precipita por todo nuestro cuerpo…
… y ya no podés comprender el amor más que como lo conocemos.
El sometimiento, la angustia; el masoquismo.
Lo sádico, lo neurótico…
… lo patético, lo ridículo.
Sentirse perdido en otro o en uno mismo, lo mismo da…
… y quiero adivinarte
con esta sonrisa atrevida, serena,
y este resto de voluntades insensatas, estúpidas,
mostrarte otra cosa, una posibilidad de otra cosa
con cada impulso de mi ser,
con toda la electricidad de mi cuerpo.

Y no siento miedo, no.
Hacia nada.
Y es curioso,
tampoco siento amor.

Si yo pudiera decirte













No dirá nada el tiempo, solo dirá te avisé
Solo el tiempo sabe el precio que debemos pagar;
Si yo pudiera decirte, te lo haría saber.

Si debemos llorar al ver al payaso en su papel,
Si nos debe estremecer, el oír a los músicos tocar,
No dirá nada el tiempo, solo dirá te avisé.

Así es que no hay fortunas para prever,
Porque te amo más de lo que yo puedo confesar,
Si yo pudiera decirte, te lo haría saber.

De algún lugar, estos vientos deben proceder
Debe haber una razón en las hojas para marchitar;
No dirá nada el tiempo, solo dirá te avisé.

Tal vez las rosas, realmente, quieren crecer,
Y la visión, seriamente, tiene intención de perdurar;
Si yo pudiera decirte, te lo haría saber.

Y si los leones, todos quisieran correr,
Y el fluir del arroyo y los soldados, desertar;
¿Acaso el tiempo dirá yo te avisé?
Si yo pudiera decirte, te lo haría saber.

If I could tell you (W. H. Auden)
Traducido por Paulo Manterola.

La verdad, el tiempo y la historia. Francisco Goya.

lunes, 7 de abril de 2014

Amnesia

Soy un libro abierto,
no hay nada entre líneas;
soy lo que ves.
Solamente está oculto para mí.
Soy una vena abierta
de par en par.
Fácil de temperar, fácil
de envenenar.
Soy un producto de la espontaneidad
–soy amnesia–.
Escupo palabras que
ya me son ajenas.
Creeme hoy...
... mañana es tarde para mí.
Los pensamientos atacan
filosos y breves...
... ligeros, nimios, entre otras 
ficciones de mis impulsos 
que se me desbordan de los huesos.
Soy un esqueleto de nervios 
pulverizados,
un tumor a punto de reventar...
... y este corazón,
todos estas inflexiones,
como espasmos:
soy un efecto de tu causalidad
–soy amnesia–.
Vivo asombrado; casi tanto 
como cansado.
Doy todo lo que puedo dar...
... y más.
No guardo nada.
Soy un producto de la espontaneidad.
Soy amnesia.
Todo es tan excitante...
... todo es tan
estresante.

La persistencia de la memoria. Salvador Dalí.















domingo, 6 de abril de 2014

Muerte. Política.

Muerte




Ni el temor ni la esperanza
Acuden a un animal muriendo;
Un hombre aguarda su final
Esperanzado, temiendo.
Muchas veces murió
Muchas veces se volvió a levantar;
Un gran hombre, en su orgullo,
Enfrentando el sadismo de los demás.
Arroja una burla con denuedo
Sobre el aliento que se desvanece;
Conoce la muerte hasta los huesos –
El hombre inventó la muerte.

Death. William B. Yeats.














Política


¿Cómo puedo yo, con esa chica parada ahí,
Poner atención
A la política en Roma o en
Rusia o en España?
Aún así, hay aquí un hombre que ha viajado
Que sabe de lo que habla,
Y hay un político
Que ha leído y ha pensado,
Y tal vez lo que ellos dicen es verdad
De la guerra y el temor armado
Pero ¡ay, si yo pudiera ser joven otra vez
Y tener a esa chica en mis brazos!

Politics. William B. Yeats.














Ambos poemas fueron traducidos por Paulo Manterola.
La primera pintura se titula Muerte y pertenece a Kathe Kollwitz.
La segunda pintura se titula Chica de las islas. Pertenece a Helene Schjerfbeck.