viernes, 8 de agosto de 2014

a una mujer hecha de oro






































ella me dijo
que nos pusimos de novios un día veintiocho, de un marzo...
... y yo sabía que no era verdad,
pero no dije nada.
un tiempo después, me dijo
que fue porque sabía
que febrero nunca tiene treinta días.
y la primera vez me olvidé, y ella
no.
también me dijo una vez,
antes, después,
da igual,
que no esperaba que duremos más de un año, y eso
yo no lo pude olvidar.
pero le dije
está bien, vamos a casa...
... y después
fuimos a casa.

yo le decía que la quería y ella
me decía yo también.
yo me quedaba despierto hasta que se durmiera,
acariciándola,
haciéndole
mimos;
cuando yo me quedaba dormido, ella
se levantaba a tomar mate.
me hizo algunas caricias tibias en el brazo una vez
hasta que me dormí
enroscado en su cintura, sobre su pecho,
y cuando desperté,
estaba solo,
ella estaba leyendo un libro de bolaño en el comedor.
me encantaba
estar en la cama con ella, estar
nada más.
le llevaba el desayuno.
ella terminaba el café, se bañaba y salía corriendo
para la facultad.

cada veintiocho (excepto el primero, claro)
le hacía un regalo
y casi todos los demás días también,
sin pensarlo demasiado,
se me ocurría alguna forma de
sorprenderla.
ella me decía gracias, que no hacía falta
y yo le decía
está bien, vamos a casa...
... y después
íbamos a casa.

ella me dijo
que la primera vez que salimos la pasó muy mal
pero yo nunca se lo creí, ella
decía muchas cosas que lastimaban
porque sí,
para sentirse más segura.
aunque, tal vez,
también,
esas cosas que decía solamente querían decir eso,
pero tampoco dije nada.
ella me dijo
una o dos veces que me quería
y yo le dije
está bien, vamos a casa...
... y ya
no íbamos siempre
a casa.

pensé que la amaba y la
miré a los ojos,
y esos ojos son los ojos enamorados más hermosos
que vi en mi vida,
y yo la miré con los únicos ojos que tuve
desde el primer día que la conocí.
pero esos ojitos suyos no eran para mí,
creo, al menos,
así lo presentí.
yo le dije si le pasaba algo y ella
me pellizcó en el brazo
y siguió pellizcándome.
me dijo si alguna vez pensaba en cosas terribles
y yo le dije que no,
y le mentí.
y ella tampoco, me dijo
y también mintió.
yo le dije que algo no estaba bien y ella
me dijo que iba a dejarme,
yo le dije
está bien
y la acompañé a su casa.
ella lloró un rato
(un rato nomás),
y yo le dije que no llore.
le dije,
mientras me dolía en el alma
y en los huesos,
que nunca tuviera miedo de nada ni de nadie,
que ella lo podía todo,
lo tenía todo,
que nunca dejara que nadie la lastimara,
ni siquiera yo.
ella nunca me dijo más nada
y yo nunca quise preguntar.

y recuerdo
le dije una vez
que le tenía miedo a la muerte.
pero cuando
la tuve por primera vez entre mis brazos,
esa noche,
al cerrar los ojos,
ya no le tuve más miedo
a nada,
nada más que a la muerte,
porque ahí no estaría ella.
eso pensaba
y hoy
tampoco está.

un tiempo después,
le dije también todo lo que la extrañaba
y ella me dijo
que sí, un poco también,
y que tenía un libro para devolverme:
un libro
que nunca le presté.
y yo le dije
que nada podía importarme menos
que un libro
en ese momento.

ella estaba hecha de oro,
desde sus pestañas hasta su nombre,
su pelo,
su sonrisa, sus ojos.
sus pechos,
sus pies,
su cadera, sus manos, sus huesos.
ella me dijo que yo también,
pero nunca se lo creí.
hoy es barro
entre cada una de mis articulaciones y pensamientos.
yo soy barro
también.

y me gustaría poder decir que lo intentamos;
que más allá de nosotros,
ella a su forma,
yo a la mía,
realmente lo intentamos...
... pero hace rato
que vengo tratando de convencerme,
una y otra vez
lo pienso,
y se me cierra el pecho
y me siento gris
y me acuesto, me levanto
y no sé por qué
y deambulo,
me trepo por las paredes
de una casa
que ya no se siente como casa.
y pienso:
la verdad es que
no tengo mucho para decir ya
sobre nada.

La pintura se titula El beso, de Gustav Klimt.

Soneto XXXVI

traducciones libres y despreocupadas


Este es el comienzo, con suerte, de una serie de traducciones que no intentan reproducir con fidelidad las palabras de William Shakespeare, si no el ánimo y el vuelo de su retórica, el ritmo, la musicalidad de su lenguaje poético. A fin de evitar ofender a nadie, considero esto menos una traducción que una interpretación de su obra.














Dejame confesarte que ambos somos
diferentes en nuestras diferencias,
aunque es uno el mero amor que nos hemos de profesar:
Así es que estas mugres de tinta que me pueblan,
sin favores de tu parte, 
debo proscribirlas en soledad.

Este nuestro amor a la mitad partido
es uno solo en sentimiento,
aunque a nuestras vidas las separa un abismo de desdén;
el cual, pese a que no soslaya la pasión
y su inigualable efecto,
arrebata tiernas horas de placer.

Tal vez, mejor, mis ojos ya no más te inquieran
para que mi contrita culpa no te avergüence,
ni debas corresponderme amable, guardando las apariencias,

sin que esto tu nombre melle:
¡No lo hagas! Te amo de forma tan lozana
que, si fueras mía,
mía sería 
también tu fama.

Para N.

a la mujer perforada,
a la niña
que se siente lejana
quiero regalarle unas palabras,
no como abismos,
sino como las infinitas posibilidades
entre los espacios en blanco
que estas dibujan.
no quiero darle
guerras como rosas
ni rosas que desfloran
en soledades.
quiero darle mis extremidades
como ramas de árboles
para que trepe a la más inalcanzable de sus fantasías.
quiero regalarle una sonrisa
entre dientes
sincera,
con una frambuesa 
como corazón.
una mirada blanca,
de ceniza,
cálida como el recuerdo de la nieve 
en sus mejillas.
quiero regalarle este poema,
un gesto, una caricia
a la niña,
a la loba
para tratar de convencerla
de que los cuerpos no sobran
nada más se transforman.





















La pintura pertenece a Gustav Klimt. 
Esta se titula The beethoven frieze: the longing for happiness finds repose in poetry.

jueves, 7 de agosto de 2014

Todos lo saben ya

Everybody knows, de Leonard Cohen


Traducción: Paulo Manterola.


Todos lo saben que los dados están cargados,
pero esperan su turno, cruzando los dedos.
Todos lo saben que la guerra ha terminado;
y también lo saben, los buenos perdieron.
Todos lo saben que la pelea estaba hablada:
los pobres mueren pobres; los ricos, en sus casas.
Y así es como se da…
… todos lo saben ya.

Todos lo saben que el barco está zozobrando,
todos lo saben que el capitán mintió;
todos parecen tener esa sensación de espanto
como cuando su padre o su perro murió.
Y todos presumen sus riquezas y dones,
pero lo que quieren es una caja de bombones 
y una rosa en el ojal… 
… todos lo saben ya.

Todos lo saben que me amás bien, mujer,
todos saben que esa es la verdad;
todos lo saben que has sabido ser fiel,
excepto una o dos noches, quizás.
Y todos saben que has sido discreta,
pero fueron tantos los hombres que andaban cerca
cuando querías jugar…
… todos lo saben ya.

Todos lo saben que es ahora el momento,
todos saben que sos vos o soy yo;
Todos lo saben que serás por siempre eterno
después de hacer una línea o dos.
Todos lo saben que esto fue un engaño,
ese negro sigue cosechando el algodón para los lazos
que te van a adornar…
… todos lo saben ya.

Todos lo saben que se acerca el fin del mundo,
todos lo saben que se acerca rápido;
todos lo saben que el hombre y la mujer desnudos
son una maravillosa ficción del pasado.
Todos lo saben que la escena acabó,
pero al pie de tu cama pondrán un sensor
que finalmente revelará…
… lo que todos saben ya.

Todos lo saben que estás en problemas,
todos saben bien lo que pasaste:
desde la Cruz bañada en sangre y todas tus penas
hasta esa playa privada.
Y todos lo saben que vamos hacia la nada,
pero este Sagrado Corazón 
te pide una última mirada
antes de explotar…
… y todos 
lo saben ya.