sábado, 5 de abril de 2014

sí sí

cuando Dios creó el amor, Él no ayudó a la mayoría
cuando Dios creó a los perros, Él no ayudó a los perros
cuando Dios creó las plantas, eso fue soso 
cuando Dios creó el odio, tuvimos una utilidad promedio
cuando Dios me creó a mí, Él me creo a mí
cuando Dios creó a los monos, estaba por irse a dormir
cuando Él creó a la jirafa, estaba borracho
cuando Él creó los narcóticos, estaba drogado
cuando Él creó el suicidio, estaba deprimido

cuando Dios te creó a vos, recostada en la cama
Él sabía lo que estaba haciendo
estaba borracho y drogado
y creó las montañas, y el agua y el fuego
al mismo tiempo

Él se mandó algunas macanas
pero cuando Él te creo a vos, recostada en la cama
acabó sobre todo Su Bendito Universo.

yes yes (poema de Charles Bukowski)
Traducido por Paulo Manterola.







La autora de estas pinturas es Zinaída Serebriakova (1884-1967), nacida en el Imperio Ruso, Ucrania en la actualidad. Fue una de las primeras pintoras rusas en lograr reconocimiento, a sus 26 años. Les dejo también otras pinturas de distintos autores relacionadas al poema:






jueves, 3 de abril de 2014

El asesinato del romanticismo

Lo vi.
Estuve ahí.
Como si estuvieras aplastando una hormiga.
Me quedé observándote cómo escondías las manos.
Fui cómplice, tal vez.
Vi la sangre espesándose entre tus uñas quebradas,
la mueca sádica en tus labios.
Y esas manos
blancas y pequeñas.
Andá y tomá al mundo con esas manos,
retorcelo,
antes de que vayan por vos.
No voy a decir una palabra, no.
Jugá con él,
hacelo bailar para vos.
Te lo ganaste,
te lo merecés.
Diste el salto, niña:
rompiste el corazón de un hombre bueno,
por capricho.
Sos una mujer ahora,
¿podés sentirlo?
Y gritá.
No tenés por qué hacerlo.
Simplemente tenés que saber que podés.
(yo no voy a decir una palabra, no…
… las hormigas no hablan).
Y sonreí.
El mundo es tuyo.

La imagen corresponde a la película El profesional

Casas de cartas

Mientras todos duermen,
yo voy, decidido,
                          avanzo
            tranquilo,
      prontos los sentidos.
Y busco
           ese punto en los contornos
en donde todos los senderos convergen.
Y ando
          y vuelvo a donde empecé a andar
y veo los sueños de todos
                                     quietos.
       Y quiero empujarlos.
Y creo que puedo.
Mi espalda es ancha, mis manos
grandes
y mi sangre hierve.

De a ratos,
me pierdo en algún que otro letargo,
                indistinto,
                              arbitrario.
Y voy, también,
un poco más liviano,
recorro distancias más improbables,
dejando
la huella de mis pies en
                                  libros de arena;
                      rumores
         de pensamientos
                           que se ahogan
                 en el vacío;
                  diseñando,
construyendo
las casas de cartas que habito
durante el día.

Luego,
cuando todos despiertan,
           bostezan
y salen al mundo, a buscar
           algo
para comer,
para coger.
                Y patalean
           porque comen mal
o cogen mal…
… Y mienten, se engañan
        y se olvidan,
a mí me da sueño.


A través del centeno


Entre la vasta inmensidad
de este extenso suelo, unos chicos juegan:
corren, se creen libres.
No conocen sus límites. No entienden el abismo.
Imaginá la tristeza de sus almas
si se enteraran qué es de toda esta nada,
imaginá entonces lo magnánimo que es ser yo...
... sobre mí, descansa
la utopía de cada una de esas almas.
Bajo el incandescente resplandor de este sol
garabateado sobre este cielo abierto y despejado,
estos chicos nunca se cansan.
No conocen sus límites. Sus momentos son en el infinito.
Imaginá la tristeza de nuestras almas
si le fallara a alguno de ellos;
imaginá entonces lo violento que es ser yo,
ser la última vela encendida
resistiendo...

... ser la chispa de todas esas voluntades
que buscan el sentido de la vida en cada verso,
en cada tren,
en cada vuelta de cada esquina,
en cada habitación vacía.

El centeno crece asiduamente,
el tiempo no pasa...
... no hay días, ni noches, ni historias;
sus cuerpos nunca ceden.
Imaginá la tristeza de sus almas si alguna vez me vieran,
imaginá la tristeza de nuestras almas
si alguno se escapara a mi sombra.

Imaginá lo espeluznante que es ser yo,
imaginá lo frustrante que es ser yo.
Imaginá, entonces, lo inspirador que es ser yo...
... ser la tierra que invade este sendero.
Porque –quizás no lo sepas–,
alguna vez,
yo fui un chico cayendo.

lunes, 31 de marzo de 2014

Leda y el cisne

"En figura de blanco cisne, Zeus pudo llegarse a Leda, esposa de Tíndaro y madre de Clitemnestra, futura esposa de Agamenón. Zeus vio a la mujer bañándose en el río Eurotas de Esparta, de donde Tíndaro era rey, y ordenó a Afrodita que metamorfosease en águila perseguidora, para que Leda, asustada, acudiera a refugiarse entre el plumaje del hermoso cisne que casualmente había aparecido. [...] A los nueves meses, la esposa de Tíndaro, según el relato, parió dos huevos: del primero, salieron Pólux y la bella Helena; mientras que del segundo lo hicieron Cástor y Clitemnestra. Los dos primeros pasaron por ser hijos del dios y los otros dos de Tíndaro".

Un súbito trueno: las grandes alas se agitan todavía
Sobre la desconcertada chica, acaricia sus muslos
Con lóbrega malicia; el pico sobre su cuello, cautiva,
Indefensa, él ciñe el pecho de ella al suyo.

¿Cómo podrían esos temerosos dedos apartar, tímidos,
a la gloria alada de sus muslos subyugados?
¿Cómo podría el cuerpo, ante ese blanco furor rendido,
No sentir el latido de un corazón extraño?

Un espasmo en sus entrañas engendraría
La caída del muro; la torre y el techo en llamas,
Agamenón y su muerte.
                            Estando así atrapada,
Así dominada por la brutalidad y la sangre,
¿Habrá recogido en ella su sabiduría y su poder
antes que el indiferente pico la soltara?

Leda and the Swan - William B. Yeats
Traducido por Paulo Manterola.

El texto introductorio fue extraído del libro Mitología griega de Francesc L. Cardona.

A continuación, algunas pinturas que han sabido también ilustrar este mito:






Acercamientos entre la nada y el propio ser

Nunca esperé nada de vos o de mí.
Nunca quise decir una sola palabra en mi vida.
Nunca quise otra cosa más que mirarte y perderme…
… y volver a descubrirte, a cada segundo.
Nunca quise ser carne
o huesos…
… nunca quise nacer o morir, acompañarte
o tener que dejarte.
Nunca quise que mi sombra aparezca en tus pensamientos.
No soy un hijo 
ni un hermano.
No soy un padre, 
tu novio 
ni un amigo.
No puedo ser simplemente nada.
Soy algo que existe porque sí
y muere porque sí,
entre todas las cosas infinitas porque sí.
No soy la imagen que está en ese espejo, no soy yo
lo que están mirando tus ojos…
… soy eso que tus ojos quieren ver.
Y nunca supe realmente cómo hacer nada de lo que aparentemente sé hacer.
Nunca supe cuántas decisiones correctas o equivocadas tomé.
Me gusta romper…
… lo que sea.
Nunca quise ser tu encierro. No quiero
tener que ir a tu entierro.
Nunca esperé nada de vos hacia mí.
Nunca quise otra cosa más que mirarte y perderme
y descubrirme en vos sorprendido.
Nunca quise decir una sola palabra en mi vida.

Queyri

“Pintar como los pintores del renacimiento 
me llevó unos años,
pintar como los niños me llevó 
toda la vida”.
Pablo Picasso.




Dicen que la luna es de queso
y a mí el sol me parece
a una manzana acaramelada.
Tu corazón es una roca
y yo, una gota de agua.

El cielo está siempre pintado
de los colores que yo más quiero:
verde como tus ojos
y negro, cerca de tu pecho.

Los árboles son violetas
en el jardín donde yo he crecido.
Tu corazón es una hoja seca
y yo, una mañana
gris de rocío.

Los trenes van y vienen
a infinidad de distancias que yo no conozco.
Soy esa brisa que susurra, suave,
en tu corazón sórdido.

Los gatos no saben temerle
al letargo ni al frío.
Soy nada más que un piano viejo
y tu corazón, un martillo.

Dicen que la vida es un regalo
y la muerte, un deseo.
Soy un cuarto de hotel vacío
y tu corazón se ha roto
en el espejo.

La lluvia moja tu pelo y tu boca es
como una flor insinuando.
Tu corazón es un vestido y yo quiero
ver qué hay debajo.

El calor se tiende sobre el pasto
y yo ya no quiero ir mucho más lejos.
Tu corazón es una coma
y yo, el silencio.

No me gusta estar a oscuras,
las obligaciones o las aguas muy hondas.
Me gustan las flores blancas y amarillas
que crecen cerca de esas losas.

Y aunque sé que no esperás nada,
de todas formas, yo no podría dártelo todo;
pero tu corazón me hace tontadas
cuando me mira a los ojos.
Y aunque siempre vas a esconderlo,
ese corazón asustado...
... de todas formas, yo no vine a robarlo.
Porque aunque tuvieras tu pecho,
tus ojos y tus brazos
de par en par abiertos,
tu corazón va a tientas y está tuerto
y siguen sonando huecos
cada uno de tus pasos.

domingo, 30 de marzo de 2014

el hombre de los ojos hermosos












cuando éramos chicos
había entonces una casa extraña
las cortinas estaban
siempre bajas
y nunca oíamos voces dentro
y el patio estaba lleno de cañas
y nos gustaba jugar
en las cañas,
pretender que éramos Tarzán
(aunque no hubiera Jane).
y había un estanque de peces,
era grande,
lleno de los peces dorados más gordos
que alguna vez vimos
y eran mansos.
se asomaban a la superficie del agua
y tomaban pedacitos de pan
de nuestras manos.

nuestros padres nos habían dicho:
“nunca se acerquen a esa casa”.
entonces, por supuesto,
lo hacíamos.
nos preguntábamos si alguien
vivía allí.
semanas pasaron y no vimos a nadie.
pero un día
escuchamos una voz
desde el interior de la casa
"¡PUTA DE MIERDA!"

era la voz de un
hombre.

luego, la puerta de la cocina
se abrió de repente
y el hombre salió.

sostenía una botella de whisky
en su mano derecha.
andaba por los treinta.
tenía un cigarro
en su boca,
necesitaba afeitarse.
su pelo estaba revuelto y despeinado
y estaba descalzo
en camiseta y pantalones.
pero sus ojos brillaban.
encandilaban con
su brillo
y nos dijo,
"oigan, niños,
están pasándola bien,
me imagino".

luego se rió y volvió a meterse
en la casa.

nos fuimos,
volvimos al jardín de mis padres
y nos quedamos pensando
en eso.

decidimos que
nuestros padres querían
que nos mantuviéramos alejados de allí
porque ellos no querían
que viéramos a un hombre
como ese, un hombre
fuerte y natural
con unos ojos hermosos.

nuestros padres
estaban avergonzados
de no ser como ese hombre,
esa es la razón por la que ellos no
querían que fuéramos allí.

pero volvimos
a esa casa
a jugar en las cañas
y a darle de comer a los peces mansos.
volvimos allí
muchas veces
por varias semanas
pero nunca vimos u oímos
a ese hombre de nuevo.

las cortinas estaban bajas
como siempre
y la casa, en silencio.

luego, un día
mientras volvíamos de la escuela
vimos la casa.

se había incendiado,
no quedaba nada,
solamente un montón de escombros negros
y fuimos hacia el estanque
y estaba seco
y esos gordos peces dorados estaban muertos allí,
secándose.

volvimos al jardín de mis padres
y nos quedamos hablando
de eso
y decidimos que
nuestros padres habían quemado su casa,
lo habían matado,
habían matado a los peces
porque todo aquello era demasiado hermoso,
incluso el bosque de cañas
habían quemado.
ellos habían tenido miedo del
hombre de ojos hermosos.

y
nosotros temimos
entonces
que a lo largo de nuestras vidas
cosas como esa
pasarían,
que nadie quería que otro sea
fuerte y hermoso,
que nunca lo permitirían,
y que mucha gente
tendría que
morir.

the man with the beautiful eyes (charles bukowski).
Traducido por Paulo Manterola.

(sin título) #27














te soñé
antes de conocerte
vestida de nieve
y ramas de árboles como venas,
etérea,
sin tiempo ni lugar.
yo buscaba con torpeza
abrazar tu carne,
desnudarte,
el calor de mi cuerpo
pegado al tuyo
–mis brazos y mi sexo ansiosos–,
acariciando la idea,
fervoroso,
entre somnolencias y a oscuras,
de descubrir
qué hay debajo de tus huesos.
y sos mejor,
¡tanto mejor!
–los ángeles se desbandan
y esconden sus alas–,
en este tiempo y lugar
en que puedo mirarte y sentirte,
tenerte cerca,
y vos podés elegir hacerlo o no.
estás hecha del polvo de
cada una de las estrellas que habita este universo
y quiero beber,
insaciable,
de toda esa luz, esa energía,
blanca,
pura.
y devolverla a tu cuerpo
en innumerables besos,
transformada en un estallido de colores imposibles
para que te sientas infinita
por unos instantes
y aflore en tu piel
ese éxtasis
de lo inabarcable.
y finalmente
extinguirme en tu vientre,
abandonarme de a poco
–hundirme en tu pelo–
al letargo,
el rumor calmo
de tu respiración
junto a la mía.

la imagen pertenece al cuadro Serpientes de agua de Gustav Klimt

¿Y ahora, qué?












Sus camaradas elegidos pensaron, en la escuela,
Que llegaría a ser un hombre famoso;
Él pensó lo mismo y vivió bajo esa regla,
Pasó sus veintes trabajando arduamente;
“¿Y ahora, qué?”, coreó el fantasma de Platón. “¿Y ahora, qué?”

Todo lo que escribió fue leído,
Y años más tarde ganó
Dinero suficiente para sus necesidades,
Amigos que, ciertamente, le han sido leales;
“¿Y ahora, qué?”, coreó el fantasma de Platón. “¿Y ahora, qué?”

Sus sueños más felices, realizó – 
Una pequeña casa, esposa, hija e hijo,
Tierra en donde creció la col y la ciruela,
Rodeado de intelectuales y poetas;
“¿Y ahora, qué?”, coreó el fantasma de Platón. “¿Y ahora, qué?”

“He cumplido”, ya de viejo pensó,
“con mis propósitos juveniles;
La rabia de los necios, mi tenacidad ha sorteado,
Algo parecido a la perfección trajo”;
Entonces más fuerte coreó ese fantasma, “¿Y ahora, qué?”

What then?  William B. Yeats
Traducido por Paulo Manterola