jueves, 3 de abril de 2014

El asesinato del romanticismo

Lo vi.
Estuve ahí.
Como si estuvieras aplastando una hormiga.
Me quedé observándote cómo escondías las manos.
Fui cómplice, tal vez.
Vi la sangre espesándose entre tus uñas quebradas,
la mueca sádica en tus labios.
Y esas manos
blancas y pequeñas.
Andá y tomá al mundo con esas manos,
retorcelo,
antes de que vayan por vos.
No voy a decir una palabra, no.
Jugá con él,
hacelo bailar para vos.
Te lo ganaste,
te lo merecés.
Diste el salto, niña:
rompiste el corazón de un hombre bueno,
por capricho.
Sos una mujer ahora,
¿podés sentirlo?
Y gritá.
No tenés por qué hacerlo.
Simplemente tenés que saber que podés.
(yo no voy a decir una palabra, no…
… las hormigas no hablan).
Y sonreí.
El mundo es tuyo.

La imagen corresponde a la película El profesional

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