lunes, 31 de marzo de 2014

Queyri

“Pintar como los pintores del renacimiento 
me llevó unos años,
pintar como los niños me llevó 
toda la vida”.
Pablo Picasso.




Dicen que la luna es de queso
y a mí el sol me parece
a una manzana acaramelada.
Tu corazón es una roca
y yo, una gota de agua.

El cielo está siempre pintado
de los colores que yo más quiero:
verde como tus ojos
y negro, cerca de tu pecho.

Los árboles son violetas
en el jardín donde yo he crecido.
Tu corazón es una hoja seca
y yo, una mañana
gris de rocío.

Los trenes van y vienen
a infinidad de distancias que yo no conozco.
Soy esa brisa que susurra, suave,
en tu corazón sórdido.

Los gatos no saben temerle
al letargo ni al frío.
Soy nada más que un piano viejo
y tu corazón, un martillo.

Dicen que la vida es un regalo
y la muerte, un deseo.
Soy un cuarto de hotel vacío
y tu corazón se ha roto
en el espejo.

La lluvia moja tu pelo y tu boca es
como una flor insinuando.
Tu corazón es un vestido y yo quiero
ver qué hay debajo.

El calor se tiende sobre el pasto
y yo ya no quiero ir mucho más lejos.
Tu corazón es una coma
y yo, el silencio.

No me gusta estar a oscuras,
las obligaciones o las aguas muy hondas.
Me gustan las flores blancas y amarillas
que crecen cerca de esas losas.

Y aunque sé que no esperás nada,
de todas formas, yo no podría dártelo todo;
pero tu corazón me hace tontadas
cuando me mira a los ojos.
Y aunque siempre vas a esconderlo,
ese corazón asustado...
... de todas formas, yo no vine a robarlo.
Porque aunque tuvieras tu pecho,
tus ojos y tus brazos
de par en par abiertos,
tu corazón va a tientas y está tuerto
y siguen sonando huecos
cada uno de tus pasos.

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