miércoles, 28 de mayo de 2014

Hasta dónde vas a llegar hoy...

  Ella se despierta, se baña, se viste y, mientras se prepara un café, intenta recordar el título de una canción que hace mucho tiempo solía gustarle: “¿Hasta dónde querés llegar hoy?”. Se ríe, le causa gracia. Se sienta a tomar el café y se lo pregunta a sí misma también. Se le olvida. Sale a la calle. Ve a la gente pasar, y pasa ella también. Se toma el subte y el mundo, las personas, todas se cierran sobre ella y la envuelven. Los pensamientos, las sensaciones, los ánimos de todos aquellos individuos, sus locuras, sus obsesiones, su sangre, la penetran, la hacen estremecerse. ¿En dónde encaja ella en todo eso? Sube la escalera para salir de vuelta a la calle. Hay un viejo ahí, en el descanso, apoyando el peso de su cuerpo en el barandal, flácido, con la mirada de alguien que ya vivió más de lo que quisiera haber vivido. Todos los días sube esas escaleras, el viejo. Todos los días se le hace un poco más difícil. Todos los días ella lo ve en el mismo lugar, suspirando. El viejo murmura algo entonces, casi recitando: “Ya está amenazando, el sol de las nueve. Quizás hoy vaya bien y me sonría la suerte. Un escalón, un paso; luego otro paso; si todo sale bien, después viene la muerte”. A ella no le angustia o entristece; de hecho, la rima le resulta algo divertida. Sale a la calle y se encuentra frente a un cementerio. Tiene que caminar unas cuadras y tomarse un colectivo, que la deja cerca de otro cementerio. Y, a esa altura de su día, ya no se pregunta hasta dónde va a llegar. “Está bien”, dice y se sonríe: “Nadie puede llegar más lejos”.

La pintura se titula Reptiles. Pertenece a M. C. Escher.

3 comentarios:

  1. Como un prisma que descompone la luz en muchos colores... Me gustó mucho, Paulo.

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