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martes, 27 de noviembre de 2018

"Algo" (para María Jaeschke)




Hace dos años, le proponía a ella, tous les visages de l'amour, si me quería acompañar y dejarme acompañarla siempre. Dentro de poco, cumplimos un año en este viaje que no deja de ser una constante aventura. 
Esta es una mínima expresión de todo lo mucho que la amo.

Algo


me dice que sabés,
y cómo me mirás... sé:
No quiero estar nunca más
sin vos...

... Pienso:
Todo lo que sé, no es
nada si no estás.

Algo
me dice que sabés,
y las cosas que hacés...
... Soy alguien
que está en el medio
de algo que no sé
qué es...

... Quiero:
Nunca te cansés de mí,
contame un poco más...


Tanto la música como la letra de "Algo" son una composición original,
excepto por los correspondientes compases de la "Marcha N.° 1: Pompa y Circunstancia",
del compositor inglés Edward William Elgar.
Mezcla y producción musical efectuada por Matías Onzari.
Las imágenes de este video pertenecen a Leo Pafumi.
© Todos los Derechos Reservados. Paulo Manterola.



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jueves, 20 de septiembre de 2018

El blanco no es un color


Definitiva como un mármol
Entristecerá tu ausencia otras tardes.
Jorge Luis Borges



Hay mugre en los pasillos. Los pies encuentran el camino. La cerámica tiesa, restos de cosas, polvo. Las flores de papel sobre las paredes están rotas, marchitas por la humedad. No llega el claro del día a esta parte. Mis nervios siguen dormidos, ligeros. No puedo acordarme de nada. No estás. ¿Dónde dormiste anoche entonces? Platos, vidrios, ropa, todo desparramado por los pisos, bolsos a medio hacer, o a medio empezar. Hojas muertas y tierra hasta la sala. La luz del ventanal me atraviesa, todos los espacios atraviesa, los vuelve etéreos, las partículas de polvo bailan en el aire. ¿Dónde habrás ido? El letargo se confunde con el aturdimiento. Un andar lento, extrañado, inestable. Tengo la convicción de ya haber vivido este momento. Los ojos no logran hacer foco. No puedo tragar. Como si tuviera la garganta desgarrada en mil pedazos; los sonidos se incrustan como astillas, no salen. ¿Dónde estás? ¿Escuchás mis pasos, entre las hojas y los vidrios? El piano está intacto, en el mismo rincón de siempre. Una leve lámina de polvo lo recubre. La madera está fría; las teclas, perezosas. ¿Me escucharías romper el piano? Intenté hacerlo ayer, me acuerdo ahora. Estuviste tocando anoche, discutimos. ¿Qué hiciste? Quisiera escuchar tu voz. No necesitaría ver ni hacer nada si pudiera escuchar tu voz. Sentirte respirar cuando despierto, ese regalo que me hacés todos los días, cada bocanada de aire que hay en tus pulmones, como si fuera nada. Pero ¿qué hiciste? ¿Por qué? No puedo dejar de pensar en eso. Si pudiera decir algo. Me desangraría desde la garganta si pudiera acaso. ¿Quién te convenció de qué? Tu mamá tuvo algo que ver, seguro. Me detesta. Todos acá me detestan, me toman por idiota. Este lugar, con sus mezquindades y costumbres del siglo pasado, este pueblo blanco, como el del catalán. ¿Cuántas veces te dije que no viniéramos, que no había nada que hacer acá? A esta tierra estéril, con caminos de piedra, cerros y hondonadas. No hay más. Lo único que crece acá es el cementerio. No quisiste escuchar, y yo cedí, por amor. Era eso, ¿no? Siempre todo tiene que ser como vos querés. Me das la razón nada más que cuando me querés pelear. ¿Dónde te metiste? ¿Fuiste a verla a mamá? ¿Le dijiste que estaba deprimido? ¿Con quién estás? Desde afuera, se escucha un tumulto que va creciendo. Las campanas suenan desde lo alto de la capilla. Me parten los oídos. Parece que sonaran desde dentro de mi pecho. Desde la ventana de la cocina, se ve mucha gente en las calles. Pasó algo. Todos pasan en procesión. ¿Te mataste? ¿O quién murió? No se ven tristes ni enojados, ni nada, sus movimientos parecen impostados. De a ratos, levantan la mirada. Les preocupan más los ojos que tengan encima que por dónde caminan. Si su dios los viera, los mandaría a quemar vivos. Se me parten los dientes tratando de articular una palabra. Quiero gritarles. Los sigo, los empujo. Nada. Ni me miran. ¿Te maté yo? Puedo escuchar sus pensamientos. Piensan en mí, cosas horribles. Por qué tengo todas esas cosas horribles adentro de mi cabeza. Pasó algo. Desde las diferentes calles, de a poco, todos llegan a la capilla, algunos se saludan. Está tu mamá, la mía también. Estás muerta. Eso es lo que pasa. Discutimos mucho anoche, me acuerdo ahora. ¿Se lo contaste a alguien? ¿Por eso nadie me mira? Yo quería que habláramos. Estabas borracha y empezamos a pelear. Pero me acosté tranquilo, nos acostamos juntos. Siempre pensé que te tenía que decir las cosas como las sentía, y algo siempre se ponía en el medio. Después, pasó la noche del bar. Yo estaba ahí, tranquilo, ni siquiera estaba tomando, y esa pelirroja no me sacaba los ojos de encima, y me buscaba, y a mí ni siquiera me gustan las pelirrojas. Ese día habíamos peleado también. Tu amigo me vio, me vieron todos en el bar. Vos siempre fuiste más discreta, y la mitad de toda esta gente se ríe discretamente de mí, o me tratan como a un pobre tipo. Ahora me tienen asco y odio, puedo escucharlos. Y vos, ¿dónde estás? Dormís. Nunca más tu respiración, tu voz, tu mirada. Mientras más trato de abrazar otra vez esa sensación de tenerte cerca, más siento que te pierdo. ¿Aguantará tu alma el peso de esa piedra que tenés como corazón? La gente empieza a amontonarse frente a la puerta de la capilla, nadie quiere dar el primer paso. No tengo nada que hacer acá. Mi amor descansa, mi pena también. Qué diría ese zorro ladino y condescendiente del cura si me viera entrar. Qué va a decir mi familia. ¿Me van a acusar a mí también? Mi hermana, que está lejos, ella te va a echar la culpa a vos, claro, va a decir que te suicidaste. Me conoce mejor que nadie. Y yo todavía no puedo entender bien qué pasó. Y todas las mascotas de mi hermana, me da celos todo lo que la quieren. Es tan fácil ser una mascota, es tan simple ese tipo de amor. Ya está. Llego al río, pasando el barranco. Los pies se arrastran hacia la parte honda. No se siente el agua a mi alrededor. Los dedos no pueden surcarla, ni se escurre entre ellos. Los pulmones no se mojan. No pasa nada. Me desespera más que si me estuviera ahogando. Tuve esa misma sensación anoche, me acuerdo ahora, después de acostarnos. Me diste de comer, te acostaste conmigo y soñé que me moría. Me desperté a mitad de la noche, asustado. No estabas en la cama. ¿Qué hiciste? ¿Qué me hiciste? Fuiste vos, entonces, la que me mató a mí. ¿Soy yo el que está muerto? Pero puedo tocarme, sentirme. ¿Cómo puede ser? Lo que siento en la garganta es el veneno. Nada más que confiando tomamos el veneno con cuchara. Vuelvo a entrar a la casa. Estás ahí, volviste, no estás en la capilla, te sentías demasiado triste, dijiste. Te veo sentada en el sillón de la sala, demasiado cómoda como para estar castigándote. Quiero gritarte, empujarte. No puedo hacer nada de eso. Es inútil. Te sobresaltás, de repente, mirás para todos lados, te ponés a llorar, como si me presintieras. Cuando me escuchaste gritar ayer, subiste, me calmaste, pusiste algo en mis manos, una carta, sí. La escribiste mientras esperabas que hiciera efecto el veneno. Y ya está. Después, te fuiste sin que nadie te viera. Me dejaste durmiendo, con la carta en la mano. Ahí la veo, en la cama. De alguna manera, creo que sé lo que dice, pero la leo. Decís que no podés más, que te fuiste. Los ojos se cansan, las letras se desfiguran. No puedo seguir. Todos van a pensar que me suicidé. Por supuesto, quién podría dudar de vos. Ya no puedo acordarme más. Estoy cansado. Tal vez sea para mejor. Ser una víctima antes que un idiota. Me voy a volver loco hablándome a mí mismo, si pudiera acaso. Me pierdo. ¿Dónde estás? Hay mugre en los pasillos. Los pies encuentran el camino. La cerámica tiesa, restos de cosas, polvo. Las flores de papel sobre las paredes están rotas, marchitas por la humedad. No llega el claro del día a esta parte. Los nervios siguen dormidos, ligeros. No puedo acordarme de nada. No estás…


* Este cuento, escrito por mí, toma algunas frases de diferentes canciones de la banda White Stripes, escritas por su guitarrista y cantante, Jack White. A través de estas frases sueltas (que fueron traducidas por mí y reformuladas dentro del cuento), imaginé una historia, una historia en la que su temática y su clima se funden con las temáticas y los climas que tiende a crear este músico, símbolo de la cultura estadounidense actual. Por esta razón, la imagen es de uno de sus discos también.


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lunes, 6 de agosto de 2018

Virgen

Se dice que un 8 de septiembre nacía la virgen María. También se dice que muchos de los relatos sobre ella fueron tomados de la diosa egipcia Isis. Cuenta la mitología griega que fue la última inmortal que vivió entre los humanos, para impartir la justicia y el orden. Sobre su espalda, cargó la cosecha y los rayos de Zeus en la lucha contra los titanes. Su constelación es la más grande de todos los signos y, dentro de ella, habitan miles de galaxias. Por mi parte, puedo decir que conozco a una María nacida un 8 de septiembre y es mejor que cualquiera de todas estas historias. Su segundo nombre es Regina porque iba a nacer un 7, día de esa santa. Su apellido es impronunciable, parece un jeroglífico. Todos los días me enseña algo nuevo, sobre ella y sobre la vida, con su sencillez, su inocencia y su infinita belleza. Su sentido de lo justo es inapelable. Terrenal, transparente e inmensamente bondadosa. Y, además, me ama. Y yo soy fiel a ella.

domingo, 20 de marzo de 2016

Ratas

Los cristales reflectaron sobre su piel una luz blanca intermitente. Despertó. Había una intensa necesidad en él de descifrar todos aquellos esos arquetipos espejados, todas esas transparencias. No importaba el sendero que tomara; en cada bifurcación, una y otra vez, su rostro se lanzaba contra sí mismo. Un golpe seco a su temeraria intuición. Deseaba ser otro, sentirse otro. Por otro lado, ella estaba aburrida, quería ser alguien diferente cada día; le hubiera gustado conocer tantas otras cosas más allá de esa transparente monotonía. Le hubiera gustado saber lo que era el cariño, pero eso no estaba en ella. Él vio en sus ojos algo único, la manifestación de todos los misterios de su pequeño universo blanco, la fractura del círculo… Ella vio en él un objetivo, el fin, la oportunidad de transformarse, de mutar. Él no pudo ser más que constante; se sentía raro a su alrededor, como si fuera parte de una broma cruel. Ella le dio todo lo que tenía para ofrecer, para tomar más. Él se dejó consumir por ese momento. Ella se separó de él y lo observó morir. Después, se despegó de su cuerpo inerte y siguió recorriendo aquel laberinto de espejos y bifurcaciones.*

Dos ratas. Vincent Van Gogh.

* Antechinus de cola negra es una especie de marsupial (parecida a los roedores) de pelo anaranjado, cola larga y negra, como sus extremidades. Los machos viven menos de un año. En la competencia por transmitir sus genes, realizan intensas y maratónicas sesiones de apareamiento que duran entre doce y catorce horas; a los once meses de vida, afrontan su fatal destino después de tener sexo.




lunes, 24 de agosto de 2015

El beso (canción)

Acercate, descansá
tu sombra junto a la mía;
dejá caer 
tu cabeza 
sobre mi pecho.
Quiero escuchar cada uno de tus latidos
mientras voy clavando mis uñas
en tu cuello.

Una suave brisa
estremece tu cuerpo 
y no puedo
imaginar más perfecto este instante.
Quiero desgarrar
cada uno de tus sentidos
tal vez, así, pueda ahogar
todos tus miedos.

Y no pierdas tu tiempo
con fatalidades,
no contengas tu aliento con
torpes premoniciones.
Tu niño estará a salvo conmigo
una vez 
que cierre tus ojos 
con este beso.

El cielo se nubló y,
a la sombra de este árbol,
déjame 
cantarte una canción:
“Hoy mis ojos se han vuelto grises, querida,
para que puedas ver, al fin,
tu horrible reflejo…”.

No, pierdas el tiempo, no… yo
tengo todos los caminos
tatuados en la piel
y
conozco unos cuantos 
trucos más
pero, a esta altura,
ya no vale
adivinar.

La pintura pertenece a Konstantin Somov: Lovers (1920)
















domingo, 23 de noviembre de 2014

A mil besos de profundidad

A thousand kisses deep, de Leonard Cohen


Traducción: Paulo Manterola.


Esta es una selección de algunas estrofas de un poema que Leonard Cohen ha trabajado durante largo tiempo. Hasta el día de hoy, aún lo considera incompleto, y continúa dedicándose a este y agregándole estrofas. Muchas versiones hay de este poema, cada una con su propia selección de versos. Esta versión es la que he elegido yo para traducir.

Te me acercaste esta mañana y
me trataste como carne. Tendrías
que ser hombre para saber
lo hermosa, lo dulce que es esa caricia...
... mi alma gemela, mi compañera:
te reconocería en mi soñar.
Y quién más que vos podría arrastrarme
a mil besos de profundidad.

No importa si el camino es largo
y se empine cada vez que echamos a andar;
o si la luna desaparece y todo a nuestro
alrededor se torna oscuridad.
No importa si nos perdemos el rastro,
está escrito que nos volveremos a encontrar.
Al menos, eso escuché que decías
a mil besos de profundidad.

El otoño se abrió paso en tu piel;
ese algo en mis ojos, ese brillo al que
no le importa estar vivo,
y tampoco perecer.
Pero te ves bien, realmente bien:
todos adoran verte pasar.
Si estuvieras acá, me arrodillaría ante vos,
a mil besos de profundidad.

(Y tu aroma me penetra
hasta cuando te pienso,
y tu recuerdo, intacto, no me permite pensar
más que en lo que olvidamos haber hecho
a mil besos de profundidad).

Los caballos corren, las chicas son jóvenes;
las oportunidades están ahí, dadas.
Ganás un rato y te retirás, con un
pequeño triunfo y tu racha intacta.
Y, aun así, tu derrota no se
puede disfrazar,
y vivís tu vida como si fuera real
a mil besos de profundidad.

Sé que tuviste que mentirme, que
me has tenido que engañar;
pero estos juegos ya no nos dejan ver
la virtud que hay en decepcionar.
Esa verdad está rota; esa belleza, derrochada;
ese estilo ha de pasar,
desde que el Espíritu Santo se entregó
a mil besos de profundidad.

Si te amé cuando te abriste
como un lirio al estío;
lo sabés, soy un muñeco de nieve,
inmóvil ante la lluvia y el frío.
Ese que te amó con su amor de hielo
y un físico a medio desgastar,
con todo lo que es y todo lo que fue,
a mil besos de profundidad.

Pero ya no tenés que escucharme ahora,
ni meditar cada una de mis
palabras al hablar;
De todos modos, jugaría en mi contra...
... a mil besos de profundidad.



















viernes, 22 de agosto de 2014

La guachada

Las luces de las ventanas de un hospital.
Solas, tristes.
Una guachada.
Las esperanzas, los suspiros.
Los que no pueden dormir.
Los que saben que quizás no despierten.
Los que esperan.
Una guachada.
La soledad de una avenida a la media noche.
Una plaza vacía.
Una guachada.
Un teléfono que suena desesperado.
La sensación de que algo no está bien,
de que ese algo es uno.
La noche más larga del mundo.
El frío en los huesos.
La idea de que, si alguna vez dejás de mirarme,
voy a dejar de existir.
Una guachada.
Un corazón que late más rápido de lo que avanza la noche.
El temblor en las manos.
La ansiedad por volver a verte.
Una guachada.
La claustrofobia en el pecho de sentirte lejos.
El silencio. El terror. Tus ojos.
Este deseo profundo,
deseo.
Nunca me quites los ojos de encima.
No te canses de mí.
Hablame.
Nunca te canses de hablarme.
Este exceso.
Una guachada.

Danae. Gustav Klimt.

















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De la nada (out of the blue)
























ella me telefoneó desde alguna ciudad,
lejos:
“nunca pude discutir con vos”,
me dijo,
“siempre salías corriendo.
mi esposo no es así,
él se me pega, no me deja estar;
me pega”.

“nunca creí en las discusiones”,
le dije,
“no hay nada que discutir”.

“te equivocás”, dijo ella, “deberías
tratar de comunicarte”.

“esa palabra, comunicar, se abusa de ella; como
de amar”, le dije.

“pero ¿no creés que dos personas se pueden
amar?”, preguntó.

“no si se tratan de comunicar”,
le contesté.

“estás diciendo pelotudeces”,
dijo ella.

“estamos discutiendo”,
dije yo.

“no”, dijo ella, “estamos tratando de
comunicarnos”.

“me tengo que ir”, dije yo y
colgué y luego
descolgué el teléfono.

me quedé mirándolo.
lo que ellas no entendían era que,
a veces, no hay nada que
agregar
a una vindicación personal de un
punto de vista personal
y que era eso lo que iba a provocar
esa luz cegadora
alguno de estos días.

out of the blue, de charles bukowski.
Traducido por Paulo Manterola.

* La pintura pertenece a Pat Lipsky y se titula Blue, grey not touching.




viernes, 8 de agosto de 2014

a una mujer hecha de oro
































ella me dijo una vez
que ese primer día que salimos la pasó muy mal
y yo nunca se lo creí,
me olvidé,
pero ella
no.
y me dijo, después,
que me quería igual, mientras
caminábamos
y yo también,
le dije está bien, vamos a casa…
… y después
fuimos a casa.

y ella me dijo otra vez
que ese primer año que pasamos no daba para más
y yo nunca se lo creí,
me olvidé,
pero ella
no.
y me dijo, después,
que no esperaba que duremos dos
y eso
yo no lo olvidé
pero le dije está bien, vamos a casa…
… y después
fuimos a casa.

yo le dije que nunca había aprendido
a dormirme
y ella me dijo que también,
pero que la abrazara.
y la única vez que pude quedarme dormido
enroscado en su cintura,
estaba solo cuando desperté
y ella estaba en la sala,
con un libro de bolaño.
con lo que me gustaba
estar en la cama con ella, estar
nada más,
pero ella ya no se hallaba ahí, creo, al menos,
así lo presentí.
y hoy
ya no está.

ella decía a veces
muchas cosas que me lastimaban demasiado
para sentirse más segura
porque sí
aunque, tal vez,
también,
esas cosas que decía
querían decir solamente eso que decía
y eso
yo no lo olvidé
pero le decía está bien, vamos a casa…
… y ya no siempre
íbamos a casa.

ella me dijo otra vez
si yo alguna vez pensaba en cosas terribles
mientras me pellizcaba el brazo.
y le mentí.
ella tampoco, dijo
y mintió.
le pregunté, entonces,
si algo estaba mal entre los dos
y ella
me dijo que se quería ir
y yo le dije está bien, todo va a estar bien…
… y después
ya no fuimos a casa.

yo le dije que le tenía miedo a la muerte
y ella me dijo
que tenía miedo a que la vida
le pase por el costado.
y cuando la tuve por primera vez entre mis brazos,
esa noche, al cerrar los ojos,
ya no le tuve miedo a nada
más que a la muerte,
porque ahí no estaría ella.
porque sus ojos eran
los ojos enamorados más hermosos
que vi en mi vida,
pero estos no eran para mí, creo, al menos,
así lo presentí.
y hoy
tampoco son.

un tiempo después,
le dije que la extrañaba
y ella me dijo
que sí, un poco, también.
y nunca me dijo más nada,
y yo nunca quise preguntar.

estaba hecha de oro, ella
desde sus pestañas hasta su nombre,
su pelo, su sonrisa.
su cadera, sus manos, sus huesos.
pero ella
me decía que era yo
el que estaba hecho de oro, también,
y yo tampoco
se lo creí.

hoy,
entre cada una de mis articulaciones,
entre mis pensamientos,
todo eso es barro
y yo también.
y pienso,
una y otra vez
y se me cierra el pecho
y me siento velado,
y me acuesto, me levanto
y camino por las paredes
de una casa
que ya no se siente como casa.
pienso:
la verdad es que no tengo
mucho para decir
sobre nada.

La pintura se titula El beso, de Gustav Klimt.




Soneto XXXVI

traducciones libres y despreocupadas


Este es el comienzo, con suerte, de una serie de traducciones que no intentan reproducir con fidelidad las palabras de William Shakespeare, si no el ánimo y el vuelo de su retórica, el ritmo, la musicalidad de su lenguaje poético. A fin de evitar ofender a nadie, considero esto menos una traducción que una interpretación de su obra.


Dejame confesarte que ambos somos
diferentes en nuestras diferencias,
aunque es uno el mero amor que nos hemos de profesar:
Así es que estas mugres de tinta que me pueblan,
sin favores de tu parte, 
debo proscribirlas en soledad.

Este nuestro amor a la mitad partido
es uno solo en sentimiento,
aunque a nuestras vidas las separa un abismo de desdén;
el cual, pese a que no soslaya la pasión
y su inigualable efecto,
arrebata tiernas horas de placer.

Tal vez, mejor, mis ojos ya no más te inquieran
para que mi contrita culpa no te avergüence,
ni debas corresponderme amable, guardando las apariencias,

sin que esto tu nombre melle:
¡No lo hagas! Te amo de forma tan lozana
que, si fueras mía,
mía sería 
también tu fama.




lunes, 16 de junio de 2014

A través de vos




















Cabeza, de Jean-Michel Basquiat.


Cerrás los ojos,
y me pregunto
si acaso podés verte a través de mí.
Si podés ver
que yo estoy viendo a través de vos.
Y puedo verme a mí…
… tratando de olvidar
de que existís, después de todo.
De que existo, después de todo... después de vos.
Entonces,
esperá…
… esperá ese instante
en el que el mundo se suspende en un parpadeo
y todo se une en un solo punto.
Esperá.
Respirá hondo, contame algo,
Sentí mi voz, todavía
te necesito acá.
Y no escuchás.
Te consigás ya a ese punto ciego del mundo
en el que yo habito partido.
Y cierro los ojos,
y te busco.
Acaso si pudieras ver a través de mí,
podrías ver
que yo todavía puedo ver a través de vos,
y ya no me veo,
y estoy.




viernes, 2 de mayo de 2014

Microrrelato 2

Escarnio


volver al Microrrelato 1: La morbosidad de transcurrir, o seguir leyendo...

Mientras la impía lluvia borraba la rayuela, lavé mis huesos con su sangre. Pero su escarnio me caló más profundo todo este tiempo. Éramos chicos. Hoy mis entrañas están hechas de tierra. Sí, éramos chicos. Eso nada justifica. Me quebró antes que mis pies tocaran el suelo; ahora descansa inerte, de espaldas al cielo. Muchas cosas pasaron y, a veces, ya casi no recuerdo. La fragilidad de los cuerpos, la violencia. Lo que desconocemos es lo más seguro que podemos intuir. Tal vez así sea: no podría saber de quién fue la negligencia al decir el primer te quiero.



















Death and Life de Gustav Klimt.




viernes, 25 de abril de 2014

Cuando seas vieja




















Cuando seas vieja y gris y te pese el sueño,
Y dormitando junto al fuego, pases estas páginas,
Y lentamente leas, y sueñes con la dulce mirada
Y la profundidad que tus ojos tuvieron;

Cuántos amaron la plácida gracia de tus momentos,
Y amaron tu belleza con amor espurio o genuino,
Pero solo un hombre amó en vos ese espíritu peregrino,
Y amó las sombras en cada uno de tus gestos;

Y, encogiéndote junto a los leños que llamean,
Murmurarás, con algo de tristeza, cómo el amor
Más allá de aquellas montañas se desvaneció
Y ocultó su rostro entre una multitud de estrellas. 

When you are old - William B. Yeats
Traducido por Paulo Manterola.




























1) Portrait of an old woman (Ilya Repin)
2) Paranoiac woman-horse (Invisible sleeping woman, lion, horse) (Salvador Dalí)
3) A gentleman and a lady (Felicien Rops)




viernes, 11 de abril de 2014

Test de la casa y el jardín






























El miedo
ante todo.
Lo primero que sentís, lo último;
un grito sofocado,
te paralizás, se te agarrotan los músculos,
querés desprenderte de vos,
tenés los ojos de una bestia herida:
el miedo.
Tus voluntades, tus anhelos, una casa, un jardín…
… y qué pasa ahí.
¿De qué color son los árboles que crecen, hace frío, o calor?
¿Qué formas tienen las sombras en el pasto?
¿Qué tan altas son las paredes en los dormitorios?
¿Cuántas sillas hay en el comedor?
No pienses las respuestas:
improvisá.
No podés, no querés... no sabés
qué hacer. Y ante todo,
el miedo.

Una picazón en tu sistema nervioso
empieza a carcomer tu espíritu invertebrado, dócil…
… y ya no podés
comprender el amor más que como lo conocemos.
Las trampas, y lo que creés que son las trampas, el sometimiento, la angustia.
Lo sádico, lo neurótico…
… lo patético, lo ridículo.
Sentirse perdido en otro o en uno mismo, lo mismo da…
… y quiero adivinarte
con esta sonrisa irresponsable, necia,
pero serena
y este resto de voluntades insensatas, estúpidas;
mostrarte otra cosa.
Una casa cerca del mar, ¿qué más necesitás?
Una huerta en el jardín, ¿qué más?
Mucho más.
Mostrarte la posibilidad de otra cosa
con cada impulso
de mi ser,
con toda la electricidad de mi cuerpo.

Y no siento miedo.
No. Por nada.
Y es curioso,
tampoco siento amor.




domingo, 6 de abril de 2014

sí sí

cuando Dios creó el amor, Él no ayudó a la mayoría
cuando Dios creó a los perros, Él no ayudó a los perros
cuando Dios creó las plantas, eso fue soso 
cuando Dios creó el odio, tuvimos una utilidad promedio
cuando Dios me creó a mí, Él me creo a mí
cuando Dios creó a los monos, estaba por irse a dormir
cuando Él creó a la jirafa, estaba borracho
cuando Él creó los narcóticos, estaba drogado
cuando Él creó el suicidio, estaba deprimido

cuando Dios te creó a vos, recostada en la cama
Él sabía lo que estaba haciendo
estaba borracho y drogado
y creó las montañas, y el agua y el fuego
al mismo tiempo

Él se mandó algunas macanas
pero cuando Él te creo a vos, recostada en la cama
acabó sobre todo Su Bendito Universo.


yes yes (poema de Charles Bukowski)
Traducido por Paulo Manterola.








La autora de estas pinturas es Zinaída Serebriakova (1884-1967), nacida en el Imperio Ruso, Ucrania en la actualidad. Fue una de las primeras pintoras rusas en lograr reconocimiento, a sus 26 años. Les dejo también otras pinturas de distintos autores relacionadas al poema:








jueves, 3 de abril de 2014

Gritá

Lo vi.
Estuve ahí.
Como si estuvieras aplastando una hormiga.
Fui cómplice, tal vez.
Te vi esconder
las manos,
la mueca sádica en tus labios.
Y esas manos
pálidas, trémulas.
Andá
y tomá el mundo con esas manos,
retorcelo,
antes de que vayan por vos.
No voy a decir una palabra, no.
Jugá con él,
hacelo bailar para vos.
Te lo ganaste,
te lo merecés.
¿Podés sentirlo?
Gritá.
No tenés por qué hacerlo.
Simplemente tenés que saber que podés.
No voy a decir una palabra, no...
... las hormigas no hablan.

Sonreí.
El mundo es tuyo.


La imagen corresponde a la película El profesional












lunes, 31 de marzo de 2014

Queyri


















“Pintar como los pintores del renacimiento 
me llevó unos años, pintar como los niños me llevó toda la vida”.
Pablo Picasso.


En el jardín donde he crecido,
el sol parece una manzana con caramelo.
En este jardín de árboles violetas,
entre el barro y las hojas secas,
en este andar de pasos huecos.

Acá el cielo siempre está pintado
de todos esos colores que yo más quiero.
Lo pienso verde como tus ojos
y se ve negro cerca de tu pecho,
en este sentir desgarrado.

Y el amor aparece vestido
y yo nada más quiero ver qué hay debajo.
Un martillo late sobre un piano
y en su pausa llena el silencio
de este corazón interrumpido.

También crecen unas flores
entre la oscuridad, amarillas y blancas,
entre las grietas de las losas,
entre las rocas,
en esta voluntad de gota de agua.

Y el viento murmura a mi oído
que la vida es un regalo y la muerte, un deseo.
Y se dibuja una casa con un cuarto vacío,
vacío de sí mismo
en esta piel que rompió otro espejo.