Mostrando las entradas con la etiqueta alma. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta alma. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de noviembre de 2015

El toro



La pintura pertenece a Oscar Domínguez; se titula Caja con piano y toro.

El Toro o Taurus representa la fertilidad y la fuerza, así como el sentido de protección. En Creta, el toro era un animal sagrado y los cretenses creían que el mundo estaba colocado entre dos cuernos que al moverse, hacían a la Tierra temblar. Un poco así es mi madre, pero más que nada es un alma generosa, dedicada y luchadora. Mientras leía los mensajes que le habían dejado para felicitarla por su cumpleaños, decía: "Yo no sé por qué la gente me quiere", jaja. Prueba más que suficiente de que soy hijo de mi madre.




miércoles, 1 de abril de 2015

por eso escribo

para Pilar Sofía


necesito sentirte en un espacio en que se me consienta
necesito llamarte
hablarte en
un lenguaje en que me entiendas
necesito quererte en donde no me duelas

por eso escribo

* * *

corté las ataduras y te hiciste río
me creí arena y quise
perderme
en la corriente
y eras mar
y me deshice en la espuma de las olas
cuando tarde me di cuenta
que hacia dentro estalla
todo el vacío

* * *

las palabras se deshacen pierden
su ímpetu el arrebato
el trazo de los pensamientos su rabia
en la ausencia
en el olvido
no llegan a abarcar las palabras
esta angustia blanca
indiferente

* * *

no dicen nada
tus ojos
no prometen ni se detienen tampoco
pero me cuentan
que todo lo que existe a su alrededor todo
sobra

* * *

me pierdo entonces
en esos ojos
y no tengo intención de volver a hallarme
si es que alguna vez estuve en algún lado acaso
en esos ojos
me enciendo

tiembla
tu corazón tierno en tus labios
en las palabras
que elegís no pronunciar
te delatan

tal vez tuve el privilegio de sobresaltarlo una o dos veces a ese corazón tuyo inquieto palpitante. pero ¿cuál es el color de tu deseo más profundo? necesito saberlo. y ¿cómo lograste esa magia que 
me desarma completamente?

* * *

el aire baila a tu alrededor
todo
se transforma
pierde el foco
te miro
el cuello los brazos el pecho
te toco y te sonrojás
y yo no siento que estoy tocando un cuerpo nada más
no
es una sensación
mucho más liviana suave
abstracta

* * *

necesito contarle a tu alma
lo que se siente
perderse en esos ojos
en esos ojos
me pierdo
si es que alguna vez estuve en algún lado

por eso escribo


Un pequeño homenaje.


















viernes, 22 de agosto de 2014

La guachada

Las luces de las ventanas de un hospital.
Solas, tristes.
Una guachada.
Las esperanzas, los suspiros.
Los que no pueden dormir.
Los que saben que quizás no despierten.
Los que esperan.
Una guachada.
La soledad de una avenida a la media noche.
Una plaza vacía.
Una guachada.
Un teléfono que suena desesperado.
La sensación de que algo no está bien,
de que ese algo es uno.
La noche más larga del mundo.
El frío en los huesos.
La idea de que, si alguna vez dejás de mirarme,
voy a dejar de existir.
Una guachada.
Un corazón que late más rápido de lo que avanza la noche.
El temblor en las manos.
La ansiedad por volver a verte.
Una guachada.
La claustrofobia en el pecho de sentirte lejos.
El silencio. El terror. Tus ojos.
Este deseo profundo,
deseo.
Nunca me quites los ojos de encima.
No te canses de mí.
Hablame.
Nunca te canses de hablarme.
Este exceso.
Una guachada.

Danae. Gustav Klimt.

















También te puede interesar: Virgen, Si yo pudiera decirte, Tomb of the moans, El viejo


jueves, 21 de agosto de 2014

Dicen que en este lugar...



"Si estás dispuesto a montar la escena; no es de William Blake. Si estás dispuesta a devorar estrellas que sacien tu sed". 
- El camino del exceso, Enrique Bunbury.


Dicen que en este lugar
habitó el hombre alguna vez,
que cayó de la rama donde reposaba,
tiró abajo todos los árboles
y construyó estructuras
para volver a trepar,
y luego hizo caminos para sus pies domesticados
que condujeran a lugares
donde pudiera mitigar su ira, sus vicios,
y dejar afuera sus buenas costumbres aprendidas.
Dicen que, en un momento, miró a las estrellas
y, en ese instante de silencio, contempló la eternidad
y se sintió solo y perdido.
Y como nunca pudo conquistarlas
ni conquistarse a sí mismo,
se arrojó a la conquista de otros
más pequeños,
impotentes.

Fundó sociedades,
civilizaciones,
estratos y jerarquías,
tendencias,
elitismo.
Inventó la historia,
una historia,
para saber a quién someter y a quién someterse.
Es importante.

Dicen que en este lugar habitó el hombre alguna vez,
que pervirtió la naturaleza
y corrompió sus leyes,
que cultivó la tierra, hasta secarla
y aprendió a comer sin manchar sus manos de sangre
más que con la de sus enemigos.
Inventó deidades,
leyendas,
fantasmas
que acabaron persiguiéndolo hasta la locura.
Y les ofreció rituales
y las cabezas de sus pares
para iluminar
con sus ojos muertos
el camino hacia una más placentera nada.
Y luego las propias leyes
de sus dioses imaginarios
lo traicionaron
y los caminos a sus pies se fueron borrando
y la desesperación…
… es la madre de la invención…

Dicen que inventó formidables teorías
para justificar sus atrocidades,
sus omisiones,
su ego, sus pobres voluntades,
pero se dio cuenta,
un día cualquiera,
que estaba hecho de deseo,
y se lo ocultó a sí mismo
porque la comedia era buena
aunque aburría,
y este necesitaba una naturaleza trágica,
demoler laberintos.
De modo que inventó mecanismos,
aparatos, dispositivos,
disfraces,
que lo acercaran a esa ansiedad,
a esa angustia
para luego construir otros que lo liberaran
de la culpa.

Y, antes que todo eso,
debió inventar la palabra y después el pensamiento
y los juegos de poder,
y las intrigas.
Y así pues,
dicen que en este lugar habitó el hombre alguna vez
y es bueno que así ya no sea.
Y si acaso volviera a aparecer,
mejor sería
que nunca baje de su rama.




martes, 17 de junio de 2014

Nótese sobre dios



























Dios está con los muertos,
envueltos en su cansancio sordomudo
de larva ahogada.
Está en los ojos que presienten lo que ven
y lo que pudieron haber visto,
cuando buscan el curso de las cosas
y encuentran el vacío.
Está en los amigos que buscan
entre las tumbas y la lluvia,
con sus paraguas de colores.
Está en el mundo que sigue y que no se lamenta,
Está en la muerte,
que está de fiesta.
Está en la niñez, en el olvido,
en lo que alguna vez nos fue familiar
y ya nos es ajeno,
siniestro.
Está en el pensamiento de enfrente,
en la intuición del todavía,
en lo que se ama,
en lo que se odia.
Está en la ciencia llena de nervios.
Está en el juicio del hombre
de sí mismo.




miércoles, 16 de abril de 2014

Alicia






















Alicia tropezó una vez,
pequeña,
entre mis dedos,
caprichosa, distraída...
... como quien busca tropezar,
desde la apatía
de un jardín donde sólo existen
los números y las certezas,
siempre es siempre no;
no hay sueños dentro de sueños
y la razón nunca enferma
de deseo.

Y este día que la encuentra
somnolienta,
Alicia ha vuelto a encontrar una puerta,
ha roto un espejo;
quiere regalarme una sonrisa,
aunque sabe,
tal vez no deba...
... y yo podría quizás esta vez
prestarle mi sombrero,
pero mi corazón
no es más joven ni más bueno
de un tiempo a estos días.
Aunque llevo siempre, bajo el ala,
alguna que otra adivinanza
de las que sabían entretenerla.
Pero, a decir verdad,
olvidé las respuestas.

Y aunque el tiempo se empecine
en dejarnos detenidos,
mientras seguimos
dando vueltas, precipitándonos...
... de un escenario a otro,
entre roles y máscaras
en este paréntesis
donde se nos quedó un pedazo del alma,
donde acaricio la gracia
de tenerla
nunca y siempre.

Tal vez hoy se pregunte
quién sueña a quién...
... y es que, a este punto,
Alicia,
cuál es la importancia.

Si ha sido hace mucho tiempo
o apenas recordamos que algo ha sido,
yo sigo siendo un chico
lo sé
en el cuerpo de un hombre;
“un hombre pequeño”,
dirá ella,
con voz grave.
Pequeños miedos, pequeñas tristezas...
... pero puedo mirarla a los ojos,
mientras que Alicia esconde su rostro
entre sus cabellos,
sin comprender
cómo es que estos ojos buenos
llevan tanto horror dentro.
Y es que harto cansado tengo mi cuerpo,
demasiada sangre...
... demasiada prisa todavía
llevo en los pies,
en todos mis extremos.



















Alicia ha regresado
envuelta en lazos blancos,
con un gesto distante,
fría; como si
no recordara lo que es sentir
que todo a su alrededor
cae hacia arriba.
Y esa mueca pícara,
a su vez,
me dice que algo intuye
en sus labios dejados.

Sabe ella bien
que no tengo grandes posesiones
ni muchas voluntades,
y tal vez esté loco, niña...
... vos más que nadie deberías entender:
solamente soy dueño
de un millón de paisajes que
nunca conquisté
y nada más hago lo que me dicen
que no debería hacer.

Pero quiero llevarla a ver el amanecer
desde el sol
y poner todo en su lugar correcto,
aunque no exista
tal instancia a su lado.
Me lo hará saber a su tiempo,
sin dudas,
si hasta la luna ha aparecido
del lado equivocado.
Porque siempre busca,
Alicia,
lo que no sabe querer.

Dice que quiere casarse conmigo
y yo solamente
quería invitarla a tomar un té.
Así lo dice,
así le debo creer
(como quien le cree al sombrerero
que el sombrero es de él).

Los castillos de cartas, todos
se derrumbaron.
Algunas cabezas fueron cortadas...
... los conejos, cazados.
Ya no hay soldados, ni jardines, ni trampas.
Todos los caminos que hemos recorrido,
los atajos que inventamos,
para llegar hasta acá
y Alicia está
un poco más grande, un poco
más cansada,
más triste... paralizada.
Sigue persiguiendo gatos con sonrisas
de luna menguante, y cosas que aparecen
y vuelven a desaparecer...
... niña,
recorrerás los caminos
que tengas que recorrer, porque
siempre verás
lo que quieras ver.

Alicia dice:
quiere casarse conmigo,
cuando yo solamente
quería invitarla a tomar un té.
Acomodo entonces
mi sombrero
y digo:
“si mi corazón no se equivoca,
tal vez, debería correr”.
Ella guiña un ojo y me dice:
“Vos sabrás
lo que tengas que hacer, pero
lo que realmente necesitamos
es coger”.

Lewis Carroll












Las imágenes pertenecen a la película Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton.