Mostrando las entradas con la etiqueta sonrisa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta sonrisa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de mayo de 2017

A mi viejo (micropensamientos)



Aprendí a buscar la felicidad mesurando mis deseos,
en vez de intentar satisfacerlos.
John Stuart Mill


Hoy, hace tres años, moría papá. A él nunca le importó que demasiadas personas la tuvieran presente, para bien o para mal, pero fue un hombre memorable. Se dedicaba a imaginar espacios, levantar estructuras. Se creó a sí mismo, su propio entorno, un hogar, ese en el que yo crecí. Le dedicó su vida a su compañera, siempre; pasaron buenos y malos momentos, pero siempre juntos. Una vez le regalé un libro, una pavada. Era un libro infantil que se titulaba: "Mi papá es un superhéroe". Una pavada, pero no dejaba de ser verdad para mí. Pienso que, como los chicos, no entiendo por qué la gente se tiene que morir.  Y hoy, como hace tres años, como ese día, como cada día desde entonces, me sigo viendo mientras subía las escaleras del hospital; la radio podía escucharse desde el pasillo de internación, las voces de tango, ese ritmo marcado, el bandoneón. Ese ruido insoportable tapaba el del pulmón artificial de papá, que estaba por apagarse, y callaba los pensamientos de mamá. Y ya no iba a haber más siempre para ellos, para ninguno.




viernes, 8 de agosto de 2014

Para N.

a la mujer perforada,
a la niña
que se siente lejana
quiero regalarle 
unas palabras;
no como abismos, sino 
como posibilidades
entre los espacios en blanco
que estas trazan.
no quiero darle
guerras como rosas
ni rosas que desfloran
en soledades.
quiero darle mis extremidades,
como sogas,
una sonrisa sincera,
con una frambuesa 
de corazón.
una mirada transparente,
un futuro de nieve,
un pasado de ceniza.
quiero regalarle 
este gesto,
esta caricia
que estos signos enredan, 
a la loba,
a la niña,
para convencerla
de que los cuerpos no sobran,
nada más 
se transforman.

















La pintura pertenece a Gustav Klimt. 
Esta se titula The beethoven frieze: the longing for happiness finds repose in poetry.


También te puede interesar: Más allá de la alegoría del centeno, Gritá, Amnesia, No Habrá paz, Los sueños dirigidos (ensayo), Donde nacen las penas


viernes, 11 de abril de 2014

Test de la casa y el jardín






























El miedo
ante todo.
Lo primero que sentís, lo último;
un grito sofocado,
te paralizás, se te agarrotan los músculos,
querés desprenderte de vos,
tenés los ojos de una bestia herida:
el miedo.
Tus voluntades, tus anhelos, una casa, un jardín…
… y qué pasa ahí.
¿De qué color son los árboles que crecen, hace frío, o calor?
¿Qué formas tienen las sombras en el pasto?
¿Qué tan altas son las paredes en los dormitorios?
¿Cuántas sillas hay en el comedor?
No pienses las respuestas:
improvisá.
No podés, no querés... no sabés
qué hacer. Y ante todo,
el miedo.

Una picazón en tu sistema nervioso
empieza a carcomer tu espíritu invertebrado, dócil…
… y ya no podés
comprender el amor más que como lo conocemos.
Las trampas, y lo que creés que son las trampas, el sometimiento, la angustia.
Lo sádico, lo neurótico…
… lo patético, lo ridículo.
Sentirse perdido en otro o en uno mismo, lo mismo da…
… y quiero adivinarte
con esta sonrisa irresponsable, necia,
pero serena
y este resto de voluntades insensatas, estúpidas;
mostrarte otra cosa.
Una casa cerca del mar, ¿qué más necesitás?
Una huerta en el jardín, ¿qué más?
Mucho más.
Mostrarte la posibilidad de otra cosa
con cada impulso
de mi ser,
con toda la electricidad de mi cuerpo.

Y no siento miedo.
No. Por nada.
Y es curioso,
tampoco siento amor.