sábado, 19 de marzo de 2016

Los sueños dirigidos (decálogo)

Aun teniendo en cuenta que la tarea de desarrollar una “conciencia” sobre nuestros procesos inconscientes es por demás ardua y difícilmente manejable o controlable, intentaremos imaginar una suerte de ejercicios y consejos prácticos para que, quienes así lo desean, aunque no sea posible tener un dominio pleno sobre estos procesos, puedan sacarle el mayor provecho. Las recomendaciones que siguen a continuación, que pueden entenderse también como un juego, apuntan a la idea de que aquellos pensamientos creativos que tenemos, aquellos que son realmente significativos, no caducan en nuestra alma; de hecho, persisten e, indudablemente, con el tiempo, se nos manifiestan de forma directa, depurados en una creación estética trascendental sobre los verdaderos deseos que cautivan nuestras pasiones.

Unos nueves consejos y ejercicios prácticos


1. Piense creativamente, no anote nada; 2. Cuando sienta la necesidad de sentarse a escribir un texto, retrásela; 3. Después escriba, pierda lo que escribió, y rescríbalo. Al momento en que una idea irrumpe en nuestro consciente, solemos considerar que podría ser una genialidad; con el tiempo, nos damos cuenta de que no lo es tanto. Se dice que mientras más apurados estemos, más obstáculos encontraremos. Nuestro cerebro tiene variados tipos de memoria que son útiles para diferentes aspectos de nuestra vida. Cada pensamiento que nos atraviesa se impregna en algún lugar de este, aunque sea de forma indirecta. Nuestro inconsciente, por sí mismo, depura todos estos estímulos y abstracciones de modo que, en cierta instancia, se nos revela de forma directa solamente lo que resulta creativamente útil, por así decirlo.

4. Duerma mal y en lugares inesperados; de vez en cuando, duerma bien. O viceversa. Situarnos a nosotros mismos frente a situaciones extremas, nos obliga a tener reacciones extremas, reacciones que no tendrían cauce en nuestro comportamiento ordinario. El descanso es una parte importante en la vida del ser humano; sin este, tal vez sintamos que nuestras neuronas empiezan a resquebrajarse una por una. A través de los surcos que se van abriendo entre estas hendiduras pueden surgir nuestras emociones más violentas e innegablemente legítimas, así como nuestras reflexiones más prodigiosas y nuestros pensamientos creativos más perturbadores; quizás, sean también estos los más deslumbrantes de todos.

5. Invéntese símbolos sin pensar demasiado en su significado, dibújelos. Muchas de las ideas creativas que se nos presentan de manera gráfica: una figura, combinaciones geométricas o conjuntos de imágenes, nos permiten percibir o desarrollar una síntesis de pensamientos y reflexiones desde una perspectiva inmensamente más colmada y más amplia que las palabras. Carl Gustav Jung dijo que los símbolos son representaciones del alma humana expresados en forma de mito.

6. Juegue con las palabras, rímelas; haga asociaciones libres. Las convenciones establecidas por las que se rige nuestro comportamiento social confinan nuestros impulsos más primitivos a un estado represivo; las zonas de nuestro cerebro más desorganizadas e innatas (el ello) son también las más profundas. Mediante el juego nos damos entonces esa posibilidad de recobrarlas.

7. Estudie otras lenguas: hable y escriba en esas lenguas aunque no sepa cómo. Al expresarnos en un idioma que todavía no logramos comprender completamente —sus reglas, los significados de las palabras y sus similitudes o contradicciones con nuestro propio idioma—, nos atrevemos a expresar y a confesarnos aquellas cosas que, de otro modo, no sabríamos cómo hacerlas conscientes en nuestra lengua originaria.

8. Escriba lo que recuerde de sus sueños, siempre. Como lo hemos expresado a lo largo de todo este trabajo, los sueños son fuente reveladora de todo tipo de transfiguraciones, imágenes visuales, símbolos y pasiones ocultas.

9. Procure dispersar su memoria lo más que pueda; dispérsese usted también. El juego es también una parte importante en la vida del ser humano. Nos proporciona los estímulos y la curiosidad que sostienen la vida.

10. Dicen que es mala suerte terminar en número impar.

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