lunes, 16 de junio de 2014

Luego, entonces, quizás...




















Podés desgarrar
mis brazos y piernas.
Ya ves, no saben sentir
más que pereza.
Podés intentar
disecar todas mis ideas.
No podría traerte 
más que problemas.

Tengo mis ojos puestos 
sobre cada 
uno de tus pasos.
Pero, me conocés
bien, mis 
labios están sellados.

¿Podrías fundar algo
que para siempre 
resulte nuevo, algo que 
me estremezca
cada vez que lo siento?

Quisiera ver en tus ojos
un caleidoscopio;
dame amor, pero sin plomo.

Luego, entonces, quizás...
... podría amarte.

Puedo dejarte
abrir al medio mi pecho.
No hay mucho más que 
cenizas y humedad.
Podés exprimir
de una vez mi sexo.
No va a rechazarte, pero no
sabe desear.

Dame fuego y agua 
de tus propias manos;
dame algo vivo 
que no esté contaminado.
Luego, entonces, 
quizás...
... podría amarte.

¿Te considerás capaz
de cortar los
hilos que nos sostienen?
¿Estás preparada
para soportar
lo que de eso deviene?

Verás,
yo puedo darte todo 
a cambio de nada,
si te abandonaras
también a esa suerte.
Y, aun si así 
no quisieras creerme:
me sobra el tiempo
para
convencerte.

La pintura se titula Cabeza, de Jean-Michel Basquiat.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario