viernes, 25 de abril de 2014

66 consejos rápidos para mantener la cordura

Despiértese de buen humor.
Haga un poco de fiaca.
Aséese.
Haga ejercicio (antes de asearse, claro).
Preocúpese por su bienestar físico.
Piense en las cosas que realmente le importan.
Que no se le pierdan vista.
Haga una lista, si es que eso ayuda.
No pierda esa lista.
No se pierda.
Sostenga ese buen humor.
No tiene por qué sonreír todo el tiempo.
A las personas, en general, no les cae bien eso.
No se angustie por cosas que no lo ameritan.
Casi nada en la vida amerita angustiarse. Todo pasa.
No discuta.
Exprésese bien, con claridad.
Pero coherente, pertinente. No querrá
que todos piensen que tiene agua en el cerebro
o pelos adentro de la cabeza.
Solo está loco quien no comete locuras.
Confíe en las personas.
No tanto,
no hay nada virtuoso en la ingenuidad.
Haga de su buen humor un hábito sano.
Haga algo por alguien.
Asegúrese de hacerlo por alguien que muestre agradecimiento.
No pase facturas.
Nadie le obligó a nada.
Crea en algo.
Algunas creencias pueden sabotear la vida social o financiera.
No siempre es bueno
hacer lo primero que se pase por la cabeza;
sepa administrar su dinero, sus decisiones y sus conocimientos.
Haga un poco más de ejercicio.
Elongue.
No contamine. No se contamine.
Lea. Escuche música. Pinte.
Exteriorícese.
Interiorícese, también.
Siga sosteniendo ese buen humor.
Expanda sus gustos: en toda expresión hay algo positivo.
Hago de eso también un hábito sano.
Cultive su interior.
Esto no es una apología a las drogas.
No se disperse.
No está mal, de todas maneras, probar alguna droga
aunque sea una vez en la vida.
Una vez, no sea idiota.
No sea idiota.
No se deje tomar por idiota.
Manténgase pendiente de las personas que
le importan y que le rodean.
No se acostumbre a depender de ellos.
Todos tenemos problemas.
Comuníquese con el otro. Hable.
Escuche.
Desarrolle algún talento.
Aprenda.
Enseñe.
Con creatividad.
No deje que se menoscabe ese buen humor.
Mesúrese: ningún exceso es saludable.
Cómprese algo que le guste.
No pague de más.
Sí, pague sus deudas.
Quiérase.
Hágase el amor.
Hágaselo a otra persona (que guste de hacerlo con usted, claro).
Esfuércese por complacer al otro.
Complázcase.
Viaje.
Socialice.
Valore el respeto.
No sea condescendiente.
Duerma bien.
Medite.
Sostenga un poco más ese buen humor.
Nada es cien por ciento seguro. Esto es lo único
completamente seguro.
No se haga de enemigos:
al final, solo acabará pareciéndose a ellos.
Sea feliz.
Inténtelo, por lo menos. Con optimismo, honestamente.
Nada es imposible. Todo es probable.
Beba.
En grandes cantidades.




Cuando seas vieja




















Cuando seas vieja y gris y te pese el sueño,
Y dormitando junto al fuego, pases estas páginas,
Y lentamente leas, y sueñes con la dulce mirada
Y la profundidad que tus ojos tuvieron;

Cuántos amaron la plácida gracia de tus momentos,
Y amaron tu belleza con amor espurio o genuino,
Pero solo un hombre amó en vos ese espíritu peregrino,
Y amó las sombras en cada uno de tus gestos;

Y, encogiéndote junto a los leños que llamean,
Murmurarás, con algo de tristeza, cómo el amor
Más allá de aquellas montañas se desvaneció
Y ocultó su rostro entre una multitud de estrellas. 

When you are old - William B. Yeats
Traducido por Paulo Manterola.




























1) Portrait of an old woman (Ilya Repin)
2) Paranoiac woman-horse (Invisible sleeping woman, lion, horse) (Salvador Dalí)
3) A gentleman and a lady (Felicien Rops)




miércoles, 16 de abril de 2014

Alicia






















Alicia tropezó una vez,
pequeña,
entre mis dedos,
caprichosa, distraída...
... como quien busca tropezar,
desde la apatía
de un jardín donde sólo existen
los números y las certezas,
siempre es siempre no;
no hay sueños dentro de sueños
y la razón nunca enferma
de deseo.

Y este día que la encuentra
somnolienta,
Alicia ha vuelto a encontrar una puerta,
ha roto un espejo;
quiere regalarme una sonrisa,
aunque sabe,
tal vez no deba...
... y yo podría quizás esta vez
prestarle mi sombrero,
pero mi corazón
no es más joven ni más bueno
de un tiempo a estos días.
Aunque llevo siempre, bajo el ala,
alguna que otra adivinanza
de las que sabían entretenerla.
Pero, a decir verdad,
olvidé las respuestas.

Y aunque el tiempo se empecine
en dejarnos detenidos,
mientras seguimos
dando vueltas, precipitándonos...
... de un escenario a otro,
entre roles y máscaras
en este paréntesis
donde se nos quedó un pedazo del alma,
donde acaricio la gracia
de tenerla
nunca y siempre.

Tal vez hoy se pregunte
quién sueña a quién...
... y es que, a este punto,
Alicia,
cuál es la importancia.

Si ha sido hace mucho tiempo
o apenas recordamos que algo ha sido,
yo sigo siendo un chico
–lo sé–
en el cuerpo de un hombre;
“un hombre pequeño”,
dirá ella,
con voz grave.
Pequeños miedos, pequeñas tristezas...
... pero puedo mirarla a los ojos,
mientras que Alicia esconde su rostro
entre sus cabellos,
sin comprender
cómo es que estos ojos buenos
llevan tanto horror dentro.
Y es que harto cansado tengo mi cuerpo,
demasiada sangre...
... demasiada prisa todavía
llevo en los pies,
en todos mis extremos.



















Alicia ha regresado
envuelta en lazos blancos,
con un gesto distante,
fría; como si
no recordara lo que es sentir
que todo a su alrededor
cae hacia arriba.
Y esa mueca pícara,
a su vez,
me dice que algo intuye
en sus labios dejados.

Sabe ella bien
que no tengo grandes posesiones
ni muchas voluntades,
y tal vez esté loco, niña...
... vos más que nadie deberías entender:
solamente soy dueño
de un millón de paisajes que
nunca conquisté
y nada más hago lo que me dicen
que no debería hacer.

Pero quiero llevarla a ver el amanecer
desde el sol
y poner todo en su lugar correcto,
aunque no exista
tal instancia a su lado.
Me lo hará saber a su tiempo,
sin dudas,
si hasta la luna ha aparecido
del lado equivocado.
Porque siempre busca,
Alicia,
lo que no sabe querer.

Dice que quiere casarse conmigo
y yo solamente
quería invitarla a tomar un té.
Así lo dice,
así le debo creer
(como quien le cree al sombrerero
que el sombrero es de él).

Los castillos de cartas, todos
se derrumbaron.
Algunas cabezas fueron cortadas...
... los conejos, cazados.
Ya no hay soldados, ni jardines, ni trampas.
Todos los caminos que hemos recorrido,
los atajos que inventamos,
para llegar hasta acá
y Alicia está
un poco más grande, un poco
más cansada,
más triste... paralizada.
Sigue persiguiendo gatos con sonrisas
de luna menguante, y cosas que aparecen
y vuelven a desaparecer...
... niña,
recorrerás los caminos
que tengas que recorrer, porque
siempre verás
lo que quieras ver.

Alicia dice:
quiere casarse conmigo,
cuando yo solamente
quería invitarla a tomar un té.
Acomodo entonces
mi sombrero
y digo:
“si mi corazón no se equivoca,
tal vez, debería correr”.
Ella guiña un ojo y me dice:
“Vos sabrás
lo que tengas que hacer, pero
lo que realmente necesitamos
es coger”.

Lewis Carroll












Las imágenes pertenecen a la película Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton.