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viernes, 28 de julio de 2017

Consejos para escribir

Siempre hay tiempo para escribir, no hay excusa que valga. Siempre hay tiempo para hacer lo que nos gusta. Aquellos que dicen “cuando termine la carrera, voy a escribir”, es mentira: al que realmente le gusta escribir se busca el tiempo para hacerlo. Lo que siempre buscamos es una motivación o un incentivo a la hora de escribir. Si esquematizamos el proceso de escritura de una forma muy simple y acotada,  podemos decir que se divide en tres etapas: escritura, reescritura y corrección. La escritura es el primer paso y, quizás, el más difícil; es superar el cansancio, la desmotivación, la falta de ideas o de modos de expresarlas. Todo eso se puede trabajar. El segundo paso es revisar, y tachar, o sobrescribir; darle una nueva dirección a lo que escribimos, encontrar el camino correcto, u otro: agregar o sacar elementos. Este segundo paso, puede repetirse más de una vez; no es una ciencia exacta. El último paso es la corrección, que también puede repetirse más de una vez, aunque no es conveniente. Hay que aprender también a desprenderse de lo que uno produce, y seguir, hacia algo nuevo, distinto. De esta manera, podemos pensar en algunos consejos que nos resultarán útiles en cada una de las etapas que hemos mencionado:


Escritura


  • Comprometernos

Escribir es un trabajo como cualquier otro. Para ser prolíferos, debemos ser constantes. Las mejores ideas llegan cuando uno no las está buscando;  por eso, es mejor estar preparado y tener siempre el lápiz afilado.

  • Tener paciencia
Escribir a nuestro tiempo. A veces queremos terminar una historia nada más que para calmar nuestra ansiedad, pero siempre conviene no apresurarnos. Dicen que “se escribe con la cicatriz, no con la herida”. Todos los procesos llevan su tiempo. Sin darnos cuenta, inconscientemente, siempre estamos escribiendo,  pensando qué escribir. Las ideas decantan por sí mismas en nuestro consciente, y nosotros debemos respetar eso.

  • Ser curioso, y lector

Para escribir bien, es conveniente leer a los que escriben bien, tanto a los clásicos como a los contemporáneos, para sacar ideas, recursos y para motivarnos. La inspiración no viene y casi todo escritor empezó copiando a alguien. Como decía Picasso: “Los buenos artistas copian, los genios roban”.

  • Olvidar la autocensura

Escribir es rescribir. Todo lo que se nos venga a la cabeza, debemos escribirlo. No debemos dejar nada de lado. Es preferible olvidar una idea, una historia porque queremos y no porque no la escribimos a tiempo. Primero, nuestra tarea es escribir; después, habrá tiempo para organizar lo escrito.

  • Compartir

Nuestros allegados siempre son nuestros primeros lectores y ellos seguramente pueden darnos consejos válidos. Es cuestión de animarse, y de escucharlos.


Reescritura


  • El lector ideal

Lo primero que debemos hacer, es pensar quién leería lo que escribimos, aunque sea hipotéticamente. Esto nos dará un marco, un objetivo, un  perfil, un estilo. De allí, podremos deducir, cómo estructurar nuestro escrito, qué registro utilizar, etc.

  • Símbolos

El lenguaje es un sistema de símbolos. Y de símbolos vivimos rodeados. Debemos entender que una cadena completa de ideas podemos encontrarla en cualquier lado, entre las palabras, entre alguna imagen visual, en nuestra casa, en un  bar o en el colectivo. Siempre es bueno estar atentos a cualquier estímulo.

  • Recursividad

Debemos también entender que la idea de la que parte lo que escribimos puede tomar diferentes formas y rumbos, incluso uno totalmente contrario. Una vez que tenemos un primer manuscrito, debemos revisarlo y contemplar la posibilidad de que pueden ocurrírsenos nuevas ideas que lo modifiquen en parte o completamente. Si esto implica, desechar ideas anteriores o ya escritas, bienvenido sea.


Corrección


  • Asombrarnos

Es importante aprender a crear giros inesperados para el lector. Dejarnos sorprender, y sorprender a los demás. Como decía Borges: “Vivimos no de la costumbre, sino del asombro”.

  • Observar

Las historias y personajes que creemos deberán ser particulares y verosímiles, ya que estos son los que más se recuerdan. La literatura está hecha de detalles. Para identificar a un personaje es importante oírlo (su lenguaje lo define) o ver cómo se mueve.

  • Economizar

Escribir es elegir. No debemos ponerlo todo, tenemos que aprender que menos es más y lograr que el lector reponga e imagine lo que falta.

  • Dejar descansar el texto

Tratemos de alejarnos del texto al menos por unas horas o días; después, podremos releerlo con cierta distancia.

  • Confiar

Antes de corregir nuestro propio escrito, debemos confiar en nuestras  propias capacidades y conocimientos.

  • Dar lo mejor

Debemos comprender, por último, que nunca estaremos plenamente satisfechos con lo que hacemos, por lo menos no a largo plazo. De lo único que debemos estar seguros, es que dimos lo mejor de nosotros en ese momento.




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domingo, 20 de marzo de 2016

Los sueños dirigidos (decálogo)


Volver a la segunda parte, a la primera parte, o seguir leyendo...


Aun teniendo en cuenta que la tarea de desarrollar una “conciencia” sobre nuestros procesos inconscientes es por demás ardua y difícilmente manejable o controlable, intentaremos imaginar una suerte de ejercicios y consejos prácticos para que, quienes así lo desean, aunque no sea posible tener un dominio pleno sobre estos procesos, puedan sacarle el mayor provecho. Las recomendaciones que siguen a continuación, que pueden entenderse también como un juego, apuntan a la idea de que aquellos pensamientos creativos que tenemos, aquellos que son realmente significativos, no caducan en nuestra alma; de hecho, persisten e, indudablemente, con el tiempo, se nos manifiestan de forma directa, depurados en una creación estética trascendental sobre los verdaderos deseos que cautivan nuestras pasiones.

Unos nueves consejos y ejercicios prácticos


1. Piense creativamente, no anote nada; 2. Cuando sienta la necesidad de sentarse a escribir un texto, retrásela; 3. Después escriba, pierda lo que escribió, y rescríbalo. Al momento en que una idea irrumpe en nuestro consciente, solemos considerar que podría ser una genialidad; con el tiempo, nos damos cuenta de que no lo es tanto. Se dice que mientras más apurados estemos, más obstáculos encontraremos. Nuestro cerebro tiene variados tipos de memoria que son útiles para diferentes aspectos de nuestra vida. Cada pensamiento que nos atraviesa se impregna en algún lugar de este, aunque sea de forma indirecta. Nuestro inconsciente, por sí mismo, depura todos estos estímulos y abstracciones de modo que, en cierta instancia, se nos revela de forma directa solamente lo que resulta creativamente útil, por así decirlo.

4. Duerma mal y en lugares inesperados; de vez en cuando, duerma bien. O viceversa. Situarnos a nosotros mismos frente a situaciones extremas, nos obliga a tener reacciones extremas, reacciones que no tendrían cauce en nuestro comportamiento ordinario. El descanso es una parte importante en la vida del ser humano; sin este, tal vez sintamos que nuestras neuronas empiezan a resquebrajarse una por una. A través de los surcos que se van abriendo entre estas hendiduras pueden surgir nuestras emociones más violentas e innegablemente legítimas, así como nuestras reflexiones más prodigiosas y nuestros pensamientos creativos más perturbadores; quizás, sean también estos los más deslumbrantes de todos.

5. Invéntese símbolos sin pensar demasiado en su significado, dibújelos. Muchas de las ideas creativas que se nos presentan de manera gráfica: una figura, combinaciones geométricas o conjuntos de imágenes, nos permiten percibir o desarrollar una síntesis de pensamientos y reflexiones desde una perspectiva inmensamente más colmada y más amplia que las palabras. Carl Gustav Jung dijo que los símbolos son representaciones del alma humana expresados en forma de mito.

6. Juegue con las palabras, rímelas; haga asociaciones libres. Las convenciones establecidas por las que se rige nuestro comportamiento social confinan nuestros impulsos más primitivos a un estado represivo; las zonas de nuestro cerebro más desorganizadas e innatas (el ello) son también las más profundas. Mediante el juego nos damos entonces esa posibilidad de recobrarlas.

7. Estudie otras lenguas: hable y escriba en esas lenguas aunque no sepa cómo. Al expresarnos en un idioma que todavía no logramos comprender completamente —sus reglas, los significados de las palabras y sus similitudes o contradicciones con nuestro propio idioma—, nos atrevemos a expresar y a confesarnos aquellas cosas que, de otro modo, no sabríamos cómo hacerlas conscientes en nuestra lengua originaria.

8. Escriba lo que recuerde de sus sueños, siempre. Como lo hemos expresado a lo largo de todo este trabajo, los sueños son fuente reveladora de todo tipo de transfiguraciones, imágenes visuales, símbolos y pasiones ocultas.

9. Procure dispersar su memoria lo más que pueda; dispérsese usted también. El juego es también una parte importante en la vida del ser humano. Nos proporciona los estímulos y la curiosidad que sostienen la vida.

10. Dicen que es mala suerte terminar en número impar.




viernes, 25 de abril de 2014

66 consejos rápidos para mantener la cordura

Despiértese de buen humor.
Haga un poco de fiaca.
Aséese.
Haga ejercicio (antes de asearse, claro).
Preocúpese por su bienestar físico.
Piense en las cosas que realmente le importan.
Que no se le pierdan vista.
Haga una lista, si es que eso ayuda.
No pierda esa lista.
No se pierda.
Sostenga ese buen humor.
No tiene por qué sonreír todo el tiempo.
A las personas, en general, no les cae bien eso.
No se angustie por cosas que no lo ameritan.
Casi nada en la vida amerita angustiarse. Todo pasa.
No discuta.
Exprésese bien, con claridad.
Pero coherente, pertinente. No querrá
que todos piensen que tiene agua en el cerebro
o pelos adentro de la cabeza.
Solo está loco quien no comete locuras.
Confíe en las personas.
No tanto,
no hay nada virtuoso en la ingenuidad.
Haga de su buen humor un hábito sano.
Haga algo por alguien.
Asegúrese de hacerlo por alguien que muestre agradecimiento.
No pase facturas.
Nadie le obligó a nada.
Crea en algo.
Algunas creencias pueden sabotear la vida social o financiera.
No siempre es bueno
hacer lo primero que se pase por la cabeza;
sepa administrar su dinero, sus decisiones y sus conocimientos.
Haga un poco más de ejercicio.
Elongue.
No contamine. No se contamine.
Lea. Escuche música. Pinte.
Exteriorícese.
Interiorícese, también.
Siga sosteniendo ese buen humor.
Expanda sus gustos: en toda expresión hay algo positivo.
Hago de eso también un hábito sano.
Cultive su interior.
Esto no es una apología a las drogas.
No se disperse.
No está mal, de todas maneras, probar alguna droga
aunque sea una vez en la vida.
Una vez, no sea idiota.
No sea idiota.
No se deje tomar por idiota.
Manténgase pendiente de las personas que
le importan y que le rodean.
No se acostumbre a depender de ellos.
Todos tenemos problemas.
Comuníquese con el otro. Hable.
Escuche.
Desarrolle algún talento.
Aprenda.
Enseñe.
Con creatividad.
No deje que se menoscabe ese buen humor.
Mesúrese: ningún exceso es saludable.
Cómprese algo que le guste.
No pague de más.
Sí, pague sus deudas.
Quiérase.
Hágase el amor.
Hágaselo a otra persona (que guste de hacerlo con usted, claro).
Esfuércese por complacer al otro.
Complázcase.
Viaje.
Socialice.
Valore el respeto.
No sea condescendiente.
Duerma bien.
Medite.
Sostenga un poco más ese buen humor.
Nada es cien por ciento seguro. Esto es lo único
completamente seguro.
No se haga de enemigos:
al final, solo acabará pareciéndose a ellos.
Sea feliz.
Inténtelo, por lo menos. Con optimismo, honestamente.
Nada es imposible. Todo es probable.
Beba.
En grandes cantidades.