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viernes, 22 de agosto de 2014

elogio de una dama y su infierno

algunos perros, que duermen por la noche,
deben soñar con huesos;
y yo recuerdo tus huesos
entre tu carne
y, mejor aún,
en ese vestido verde
y esos zapatos negros de
taco alto.
siempre insultabas cuando
tomabas,
tu pelo resbalaba por tu oreja, querías
arrancar de vos
todo aquello que te perseguía:
recuerdos podridos de un
pasado
podrido, y
finalmente lo
lograste:
al morir.
dejándome en un
presente
podrido:
hace veintiocho años
que estás muerta
y todavía te recuerdo
mejor que a
cualquiera de las otras;
fuiste la única
que entendía
la futilidad de este
arreglo con
la vida;
las demás solamente estaban
disconformes con
algunas cuestiones triviales,
criticaban
absurdamente los
sinsentidos.
Jane, te
asesinaron por saber
demasiado.
Tomo este trago
por tus huesos, con
los que
este perro
sueña
todavía.

eulogy to a hell of a dame (charles bukowski)
Traducción: Paulo Manterola.




















Perro semihundido o, más simplemente, El perro, es una de las Pinturas negras que formaron parte de la decoración de los muros de la casa que Francisco de Goya adquirió en 1819.
En su estado actual, el cuadro, muy austero, solo presenta la cabeza de un perro escondida o hundida sobre un plano inclinado de ocre oscuro y un espacio vertical en ocre más claro, todo ello exento de cualquier otra figura. La mirada de la cabeza del perro se dirige hacia arriba, y podría representar la soledad.
En reproducciones fotográficas realizadas por J. Laurent, entre los años 1863 y 1874, antes de ser arrancada la pintura de los muros de la Quinta del Sordo, podría apreciarse un paisaje de fondo formado por una gran roca y unos supuestos pájaros a los que el perro mira. Posteriormente, se pronunciaron diferentes opiniones, incluyendo la de que el perro observa interesado a dos pájaros que vuelan, o que el artista no terminó El perro, pero ninguno es argumento concluyente: ni siquiera podemos asegurar que el animal se esté hundiendo. 
(http://es.wikipedia.org/wiki/Perro_semihundido).

jueves, 1 de mayo de 2014

Microrrelato 1

La morbosidad de transcurrir


Nos lamentamos, hipócritas, de no haberlo visto venir. Lo aceptamos como algo natural, como el devenir de las cosas; caímos en la trampa. Ansiábamos descubrir ese secreto, las figuras que habitan entre los blancos que dibujan las figuras. Pensamos que reiríamos luego. Y ahora que hicimos nuestro todo aquello que añorábamos, también es nuestro el miedo, el terror. La angustia y la desolación; la soledad. Lo efímero, lo fútil, de revelarnos ante la propia conciencia. Y, en realidad, lo vimos venir y, de todas formas, lo quisimos. Hace tiempo, cuando todo eran fábulas, no deberíamos haber dejado jamás de desconfiar.





















La pintura titulada Saturno devorando a uno de sus niños pertenece a Francisco de Goya.


Continuar con el Microrrelato 2: Escarnio


jueves, 10 de abril de 2014

Si yo pudiera decirte




















No dirá nada el tiempo, solo dirá te avisé
Solo el tiempo sabe el precio que debemos pagar;
Si yo pudiera decirte, te lo haría saber.

Si debemos llorar al ver al payaso en su papel,
Si nos debe estremecer, el oír a los músicos tocar,
No dirá nada el tiempo, solo dirá te avisé.

Así es que no hay fortunas para prever,
Porque te amo más de lo que yo puedo confesar,
Si yo pudiera decirte, te lo haría saber.

De algún lugar, estos vientos deben proceder
Debe haber una razón en las hojas para marchitar;
No dirá nada el tiempo, solo dirá te avisé.

Tal vez las rosas, realmente, quieren crecer,
Y la visión, seriamente, tiene intención de perdurar;
Si yo pudiera decirte, te lo haría saber.

Y si los leones, todos quisieran correr,
Y el fluir del arroyo y los soldados, desertar;
¿Acaso el tiempo dirá yo te avisé?
Si yo pudiera decirte, te lo haría saber.


If I could tell you (W. H. Auden)
Traducido por Paulo Manterola.

La verdad, el tiempo y la historia. Francisco Goya.