miércoles, 16 de abril de 2014

Alicia






















Alicia tropezó una vez,
pequeña,
entre mis dedos,
caprichosa, distraída...
... como quien busca tropezar,
desde la apatía
de un jardín donde sólo existen
los números y las certezas,
siempre es siempre no;
no hay sueños dentro de sueños
y la razón nunca enferma
de deseo.

Y este día que la encuentra
somnolienta,
Alicia ha vuelto a encontrar una puerta,
ha roto un espejo;
quiere regalarme una sonrisa,
aunque sabe,
tal vez no deba...
... y yo podría quizás esta vez
prestarle mi sombrero,
pero mi corazón
no es más joven ni más bueno
de un tiempo a estos días.
Aunque llevo siempre, bajo el ala,
alguna que otra adivinanza
de las que sabían entretenerla.
Pero, a decir verdad,
olvidé las respuestas.

Y aunque el tiempo se empecine
en dejarnos detenidos,
mientras seguimos
dando vueltas, precipitándonos...
... de un escenario a otro,
entre roles y máscaras
en este paréntesis
donde se nos quedó un pedazo del alma,
donde acaricio la gracia
de tenerla
nunca y siempre.

Tal vez hoy se pregunte
quién sueña a quién...
... y es que, a este punto,
Alicia,
cuál es la importancia.

Si ha sido hace mucho tiempo
o apenas recordamos que algo ha sido,
yo sigo siendo un chico
lo sé
en el cuerpo de un hombre;
“un hombre pequeño”,
dirá ella,
con voz grave.
Pequeños miedos, pequeñas tristezas...
... pero puedo mirarla a los ojos,
mientras que Alicia esconde su rostro
entre sus cabellos,
sin comprender
cómo es que estos ojos buenos
llevan tanto horror dentro.
Y es que harto cansado tengo mi cuerpo,
demasiada sangre...
... demasiada prisa todavía
llevo en los pies,
en todos mis extremos.



















Alicia ha regresado
envuelta en lazos blancos,
con un gesto distante,
fría; como si
no recordara lo que es sentir
que todo a su alrededor
cae hacia arriba.
Y esa mueca pícara,
a su vez,
me dice que algo intuye
en sus labios dejados.

Sabe ella bien
que no tengo grandes posesiones
ni muchas voluntades,
y tal vez esté loco, niña...
... vos más que nadie deberías entender:
solamente soy dueño
de un millón de paisajes que
nunca conquisté
y nada más hago lo que me dicen
que no debería hacer.

Pero quiero llevarla a ver el amanecer
desde el sol
y poner todo en su lugar correcto,
aunque no exista
tal instancia a su lado.
Me lo hará saber a su tiempo,
sin dudas,
si hasta la luna ha aparecido
del lado equivocado.
Porque siempre busca,
Alicia,
lo que no sabe querer.

Dice que quiere casarse conmigo
y yo solamente
quería invitarla a tomar un té.
Así lo dice,
así le debo creer
(como quien le cree al sombrerero
que el sombrero es de él).

Los castillos de cartas, todos
se derrumbaron.
Algunas cabezas fueron cortadas...
... los conejos, cazados.
Ya no hay soldados, ni jardines, ni trampas.
Todos los caminos que hemos recorrido,
los atajos que inventamos,
para llegar hasta acá
y Alicia está
un poco más grande, un poco
más cansada,
más triste... paralizada.
Sigue persiguiendo gatos con sonrisas
de luna menguante, y cosas que aparecen
y vuelven a desaparecer...
... niña,
recorrerás los caminos
que tengas que recorrer, porque
siempre verás
lo que quieras ver.

Alicia dice:
quiere casarse conmigo,
cuando yo solamente
quería invitarla a tomar un té.
Acomodo entonces
mi sombrero
y digo:
“si mi corazón no se equivoca,
tal vez, debería correr”.
Ella guiña un ojo y me dice:
“Vos sabrás
lo que tengas que hacer, pero
lo que realmente necesitamos
es coger”.

Lewis Carroll












Las imágenes pertenecen a la película Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton.




viernes, 11 de abril de 2014

No habrá paz


Aunque claree el día afable
En las orillas de tu estima una vez más
Y sus colores vuelvan, la tormenta te ha cambiado:
Ya nunca podrás olvidarte
La oscuridad que ciñe el deseo, el vendaval
Que profetiza tu caída.

Deberás vivir con eso en tu conciencia.
Hay criaturas hacia atrás, más allá y afuera,
En noches sin luna, de las que no sabés,
Y que ciertamente saben de vos,
Seres de desconocidas formas y cantidades:
Y vos no les agradás.

¿Qué les has hecho a ellos?
¿Nada? Nada no es una respuesta:
Llegarás incluso a creer –¿cómo lo preverías?–
Que lo hiciste, que algo les hiciste;
Te encontrarás a vos mismo deseando poder hacerlos reír,
Desearías su camaradería.

No habrá nunca paz.
Luchá, entonces, con todo el coraje que haya en vos
Y arrimá todos los golpes bajos que conozcas,
Una sola y única cosa debés recordar:
Su causa, si han de tener una, no es nada para ellos ahora;
Odian por el hecho de odiar.

There will be no peace (W. H. Auden).
Traducido por Paulo Manterola.




Test de la casa y el jardín






























El miedo
ante todo.
Lo primero que sentís, lo último;
un grito sofocado,
te paralizás, se te agarrotan los músculos,
querés desprenderte de vos,
tenés los ojos de una bestia herida:
el miedo.
Tus voluntades, tus anhelos, una casa, un jardín…
… y qué pasa ahí.
¿De qué color son los árboles que crecen, hace frío, o calor?
¿Qué formas tienen las sombras en el pasto?
¿Qué tan altas son las paredes en los dormitorios?
¿Cuántas sillas hay en el comedor?
No pienses las respuestas:
improvisá.
No podés, no querés... no sabés
qué hacer. Y ante todo,
el miedo.

Una picazón en tu sistema nervioso
empieza a carcomer tu espíritu invertebrado, dócil…
… y ya no podés
comprender el amor más que como lo conocemos.
Las trampas, y lo que creés que son las trampas, el sometimiento, la angustia.
Lo sádico, lo neurótico…
… lo patético, lo ridículo.
Sentirse perdido en otro o en uno mismo, lo mismo da…
… y quiero adivinarte
con esta sonrisa irresponsable, necia,
pero serena
y este resto de voluntades insensatas, estúpidas;
mostrarte otra cosa.
Una casa cerca del mar, ¿qué más necesitás?
Una huerta en el jardín, ¿qué más?
Mucho más.
Mostrarte la posibilidad de otra cosa
con cada impulso
de mi ser,
con toda la electricidad de mi cuerpo.

Y no siento miedo.
No. Por nada.
Y es curioso,
tampoco siento amor.