viernes, 16 de mayo de 2014

Microrrelato 3

A la hora más oscura de la noche


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  Solo ceniza había entre sus manos. Se le escurría entre estas, invadía el aire a su alrededor, se impregnaba en sus pulmones. Memorias de instantes, las pequeñas cosas, la búsqueda de una felicidad o alguna certeza. Ya nada importaba. Ya no recordaba. Los libros en su biblioteca, el sabor de todos los labios que lo habían besado, las palabras alguna vez escritas. Ya no había memoria. Ni cuerpo, ni pensamiento. Solo ceniza. Y ya no estaba entre sus manos: era sus manos. Todo su ser, ceniza. Y la brisa que soplaba, despedazándolo en una infinidad de partículas de energía consumida.























Naturaleza Muerta de Giorgiode Chirico.


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viernes, 2 de mayo de 2014

Microrrelato 2

Escarnio


volver al Microrrelato 1: La morbosidad de transcurrir, o seguir leyendo...

Mientras la impía lluvia borraba la rayuela, lavé mis huesos con su sangre. Pero su escarnio me caló más profundo todo este tiempo. Éramos chicos. Hoy mis entrañas están hechas de tierra. Sí, éramos chicos. Eso nada justifica. Me quebró antes que mis pies tocaran el suelo; ahora descansa inerte, de espaldas al cielo. Muchas cosas pasaron y, a veces, ya casi no recuerdo. La fragilidad de los cuerpos, la violencia. Lo que desconocemos es lo más seguro que podemos intuir. Tal vez así sea: no podría saber de quién fue la negligencia al decir el primer te quiero.



















Death and Life de Gustav Klimt.




jueves, 1 de mayo de 2014

Microrrelato 1

La morbosidad de transcurrir


Nos lamentamos, hipócritas, de no haberlo visto venir. Lo aceptamos como algo natural, como el devenir de las cosas; caímos en la trampa. Ansiábamos descubrir ese secreto, las figuras que habitan entre los blancos que dibujan las figuras. Pensamos que reiríamos luego. Y ahora que hicimos nuestro todo aquello que añorábamos, también es nuestro el miedo, el terror. La angustia y la desolación; la soledad. Lo efímero, lo fútil, de revelarnos ante la propia conciencia. Y, en realidad, lo vimos venir y, de todas formas, lo quisimos. Hace tiempo, cuando todo eran fábulas, no deberíamos haber dejado jamás de desconfiar.





















La pintura titulada Saturno devorando a uno de sus niños pertenece a Francisco de Goya.


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